¡El Peor Viaje de Tu Vida!
(Lucrecia entra al
escenario con una maleta con un tags de equipaje de tres letras EZE, parece
haber sobrevivido a un apocalipsis, la suelta con un suspiro dramático y sonríe
al público).
¡Buenas noches, hermosa gente!
¡Qué alegría ver tantas
caras… descansadas!
Veo tantos rostros y me recuerdan
lo cara que está la vida.
-No se enoje señor,
estará cara la vida, pero la entrada al stand up, está muy barata…
Bueno, alguno por ahí
tiene cara de no saber de qué se trata la obra.
¿Cómo dice señora?, ¿A
usted, le pareció cara la entrada?
¡Ni se imagina las cosas
que va escuchar acá!
¡Va a ver que le va a
gustar!
Este es el mejor stand up
sobre viajes de aviación.
Mi nombre es Lucrecia,
tengo 19 años y soy actriz. O como diría mi abuela, "actriz de método, ¡Sos
una actriz de método, entendiste nena! Que grande mi abuela, como la quiero"
¿Sabés que es una actriz
de método?
Una actriz de método es
la que primero vivenció en carne propia su realidad y después la actúa.
… Y aquí me tienen. Soy
Lucrecia la monologuista número uno de Buenos Aires, la más viajada, la que
vivenció cada momento de este que fue: “El peor viaje de mi vida”.
(Se apoya en la maleta. Y
solloza)
Soy actriz de método y yo
misma viví: “El peor viaje de mi vida”.
(llora con un llanto
liberador y exagerado)
… y no es que llore
porque sea una buena actriz, lloro porque me acuerdo del viaje…
(llanto desconsolado,
exagerado)
Pero ahora se los voy a
compartir, y para ustedes será el peor viaje de sus vidas, se los prometo.
Verán, en mi corta pero
intensa vida, siempre he creído que cualquier lugar puede ser un escenario para
actuar. Un colectivo, la fila del supermercado, la peluquería, la cola de la
pizzería Guerrín en la calle Corrientes… y porque no, ¡la sala de embarque de
un aeropuerto! Si señores, cualquier lugar es bueno para hacer arte. Es más
ahora me voy a grabar y lo voy a publicar en las redes sociales. ¿Qué les
parece?
Bueno, vuelvo a la sala
de embarque del aeropuerto.
Había tanta gente que
estaba por interpretar una obra de Shakespeare. Pensaba mostrar mis dotes de
artista dramática y después pasar la gorra.
Pero no me fue bien.
Tenía que decir “to be or not to be, that is the question” en Castellano “Ser o
no ser, esa es la cuestión” y para hacerme la graciosa dije: “Pago Netflix o le
robo la contraseña al vecino del departamento de al lado, esa es la cuestión”.
No se ría señora que
seguro que a usted Netflix se lo debe compartir su cuñada.
Después me enteré de que
en el hall del aeropuerto, había más gente que no la dejaban subir al embarque y
se la pasaban dando notas a los canales de televisión y puteaban a todos.
Así es, mi querido público,
imagínense este teatro como una sala de embarque de un aeropuerto. No había ni
cámaras de televisión, si pateábamos nadie nos podía escuchar, estábamos
cautivos, secuestrados, atormentados, angustiados, afligidos, oprimidos,
torturados y consternados.
Por alguna razón los
vuelos no salían…
Si señora, estábamos así.
A que usted nunca estuvo encerrada siete horas en una sala de embarque sin
saber si su vuelo iba a despegar.
Lo único que falta es que
usted crea que estoy exagerando.
Le repito: estábamos
cautivos, secuestrados, atormentados, angustiados, afligidos, oprimidos,
torturados y consternados, y aparte yo estaba indispuesta.
(Mirando al público con
la palma de la mano sobre sus cejas, luego subiendo sus ojos hacia el horizonte,
dice...)
-Mire señor ve ese avión
elevándose hacia el cielo. ¡Mire señor! ¿lo ve?
(señala con la mano un
horizonte)
-Mire señora ese galán
con ropa importada, que churro que está.
(sonriendo y olfateando
alegremente)
Y sienta ese perfume
francés que se huele desde lejos.
De donde habré sacado la
palabra “Churro”, seguro que me la enseñó mi abuela…
Y lo del perfume, ustedes
saben que no huelo a nadie así desde la pandemia.
¿Señor usted se puso
perfume…? parece que no…
(con cara tipo asco)
Mire que Rexona sacó el
nuevo desodorante All Body que ahora se puede echar en las axilas, en la panza,
en las piernas, y en los brazos.
(cara cómplice, abriendo
los ojos)
Las mujeres ahí abajo… y
los hombres no dicen, ahí abajo…
Los hombres dicen: en las
bolas…
Es más, antes de la
pandemia se sentían esas fragancias importadas, después te decían, si no los
oles, es porque tuviste Covid. Y la gente dejó de ponerse perfume. La excusa
era válida. ¿No me sentís el perfume? Me puse Antonio Banderas, se ve que tenés
Covid que no lo olés.
¡Como cambiaron las
cosas, de no ponerse una gota de fragancia a perfumarse las bolas….!
Esa broma se la hice dos
veces a la misma persona y me dijo: “Tenés olor a las bolas de Antonio
Banderas… No me engañes”.
¿Ustedes notaron lo
mismo?
(sonido a turbina de
avión)
Señor ¿todavía no vio los
aviones por allá?
Le dije que los imagine… ¿para
que viene al teatro si no colabora…?
Cerremos todos los ojos y
disfrutemos un minuto del silencio…
Vamos, cerremos todos los
ojos.
Imaginemos todos.
(Música de Vángelis 1492)
(suena 15 segundos)
Nos estamos por ir del
país a pasar unas hermosas vacaciones.
¿Están imaginando?
¿Les gusta la música?
Operador escuchamos un
poco más. (10 segundos más de Vángelis).
Bájame la música ¡Basta!
Esa música no está en los
aeropuertos.
(escuchamos sonido de
turbinas)
Sentimos ese ruido a
turbinas, ese murmullo en la sala de espera,
(sonido de murmullos)
Y a esos pasajeros que te
ponen un reggaetón a todo lo que da.
(sonido de reggaetón)
Peor los que están con
esos auriculares que parecen astronautas y vos le escuchás esa música
electrónica a siete metros de distancia. Son tan invasivos que te preguntás si
realmente están escuchando música o si adentro de la cabeza las neuronas están
haciendo un recital clandestino.
Pero en las terminales
también escuchamos los alto parlantes diciendo “los pasajeros con destino a
Cancún acercarse a la puerta número 9”.
¡Qué hermoso, qué hermoso
que es eso!
(música voyage voyage
fragmento)
¡Pero eso no fue lo que
me pasó a mí!
Ni fui a Cancún, y no
escuché ningún alto parlante que me llamara.
Llegue siete horas antes
esperando que la niebla decida cuando se va a retirar para que mi vuelo pueda
salir del aeroparque.
¡Siete horas, me
entendés, siete horas!
(llora con angustia y
entre cortado casi inentendible dice: siete horas mostrando siete dedos)
Fui recontra temprano
para evitar el tránsito y quedarme tranqui tomando un café.
Ve señor, usted tenía
razón…
Usted, el que no se
imaginaba el avión.
¿Vio al avión? ¿Lo vio?
¿Pero cómo lo va a ver el avión si había niebla?
Usted no me ayuda con el
show. Ponga un poco de onda.
No se veía nada…
(se pone lentes oscuros y
simula con los brazos hacia adelante como si estuviera ciega)
Nada. Me entendieron, no
se veía nada. Solo niebla.
“Y ahí estoy yo, atrapada
en la sala de espera del aeropuerto: suficiente tiempo para aprenderme el menú
de Starbucks como si fuera una obra Shakespeare, tiempo para ver a una pareja
discutir boludeces como, quién olvidó guardar la azucarera, como si fuera una
tragedia griega… y me cruzó por la cabeza —quizás, solo quizás— la idea de que
toda esta gente estaba actuando para mí, y me estaban dando letra para hacer un
stand up.
¡Bienvenidos al verdadero teatro del absurdo:
la sala de embarque de aeroparque!”
Ustedes ni se imaginan la
cantidad de estúpidos que hay en los aeropuertos.
¿Nunca les pasó?
Señor, no haga una
sonrisa, ríase con ganas, si se va a reír, ríase de verdad.
Pensar que en cuatro
minutos hago un huevo pasado por agua, en una hora y media un pollo al horno, y
yo estoy siete horas al pedo en un aeropuerto.
(Ríe irónicamente)
Ese escenario me sirvió para
guionar todo lo que pasa en el embarque y me hago un show de primera.
O Fernando Peña y Guido
Suller no hacían lo mismo.
¿Cómo robaban, no
escribían nada, solo contaban lo que les pasaba cuando eran azafatos…?
Es como si un ferretero
contara los que van a su ferretería a pedirle un coso o un cosito…
¿Qué gracia tiene…?
Pero yo soy actriz de
método.
Escribí la obra, la
ensayé, y ahora la actúo.
(gesto con las manos de
rezo)
(Música vuela vuela en
castellano, fragmento).
La pareja seguía con la
discusión. Ahora el esposo le recriminaba que no guardó la tapa del pomo de Colgate
y que el dentífrico quedó abierto.
¡Ni a Borges se le
hubiese ocurrido una historia igual, y los viejos se seguían peleando con más
boludeces!
Me hicieron acordar a mis
abuelos…
¿Qué pasa, que me miran
así sus padres no se peleaban por boludeces?
La cosa es que mi deseo
de entretener a las personas agotadas, estresadas y angustiadas por la espera
interminable se vio interrumpida por un anuncio mágico: "Pasajeros con
destino a São Paulo, por favor, diríjanse a la puerta de embarque".
(mira al público con los
brazos abiertos, realizando gestos en cámara lenta)
Y grité más que el penal
que hizo Gonzalo Montiel a Francia en el mundial de Qatar.
Voy a viajar, voy a
viajar. Al fin.
(música vuela, vuela)
Tampoco daba que actuara
en el embarque: primero porque el clima no daba, segundo porque ya nadie tenía
pesos, y los dólares los tenían todos encanutados en alguna parte del cuerpo.
Una vez un hombre me dio
un dólar, lo olí y le pregunté ¿Usted viene de un viaje? Y me preguntó cómo se
dio cuenta.
¡Porque tiene un olor a
bolas increíble!
Pero ahora tenemos el
nuevo Rexona all body.
Ni quiero pensar dónde se
guardaron los pesos argentinos.,,
¡Aleluya! Un suspiro
colectivo que sonó a "¡Por fin, nos liberamos de este suplicio!"…
Me imaginaba a Los Fronterizos
en la misa criolla cantando “Gloria a Dios en las alturas”
(se escucha el “gloria”
de Ariel Ramírez y Félix Luna)
Que voz la de Zamba
Quipindor, pero la negra Sosa también, la gastó. Ahora la canta Abel Pintos.
Si supieran lo efímero que
fue esa libertad, hubieran seguido durmiendo en el suelo. Porque había gente
acostada en el piso que hasta roncaba.
De que se ríen. Sí yo
también, me dormí en el piso, si no había una puta silla donde sentarse. Ni se
podía respirar ese aire viciado de tanta gente esperando y murmurando lo más
alto que podía. Parecía “La Salada”, solo faltaban los bolivianos vendiendo
corpiños.
Y lo peor de todo fue que
¡nadie se puso el Rexona all body!
Pensar que a la mañana
llegué muy temprano con una sonrisa al aeropuerto, llena de ilusiones, hasta
que me crucé con Mercedes Ninci, la cronista de radio Mitre y mi abuela me lo
adevirtió “cagamos”, si esta mina está acá, es porque hay un paro, o se cayó
avión.
¿Qué puede estar haciendo
una periodista con micrófono en mano en una terminal aérea?
Ella fue el pájaro de mal
agüero. Ya lo saben la Ninci es mufa.
Si les llega a pasar lo
mismo, si la ven a ella con cámaras o micrófonos,
¡váyanse al carajo!
(Música Rodrigo “soy
cordobés”)
Continúo. Después de ocho
horas de espera, se despejó la niebla y empezaron a volar los aviones.
Despegamos. (sonido de
turbinas)
(Vuela, vuela música)
Zumbido, nubes, Argentina
quedando atrás… y yo, Lucrecia, la actriz número uno del stand up ¿qué hice?
Dormí. Sí, señora. Dormí
plácidamente. Dormí todo el viaje.
Mientras el universo
conspiraba contra los todos los pasajeros.
Porque claro, yo dormía
como un angelito, pero alrededor, la gente se movía.
Lo tenía a Pablo, un señor sentado al lado mío
que le habré pegado un par de sopapos mientras me daba vuelta o me apoyaba en
su hombro para reposar mejor, ¡pobre!, ma que pobre, que se la banque, si no le
gustaba se hubiese comprado un pasaje de primera.
Entre sueño y sueño lo
miraba y él estaba sereno, pero antes de partir estuvo tecleando en su celular,
buscando vuelos, investigando no sé qué, me imagino que alguna preocupación
tendría.
Y luego en el vuelo
estaban, en el asiento de adelante las reinas de Venado Tuerto: Nora y Ana
Luisa, dos consuegras que se ubicaron una a cada lado del pasillo, como si el
pasillo fuera la vereda de su pueblo como si estuvieran pasándose el chismecito
de la cuadra.
Nora, la soñadora que
veía el lado positivo de una mancha de humedad.
Bueno cada uno puede
imaginar, lo que quiera…
Ana Luisa, más pragmática
estaba haciendo las cuentas del blíster con remedios que había guardado en su
valija y que al llegar y debía tomar una
de sus píldoras. Y unas filas más atrás, la explosión cordobesa: Adriana, con
su acento inconfundible y esa impaciencia que solo puede tener alguien que conoce
la fórmula exacta del fernet con cola.
¡Pobre Adriana! No sabía
lo que le esperaba.
(esto no era como el Cucú
de Carlos Paz que cada hora sale el pajarito…y la gente se amontona para
sacarle una foto mientras espera la hora exacta)
La bienvenida a
Guarulhos: ¡Sorpresa!
(Sérgio Mendes - País tropical fragmento)
Llegamos a São Paulo de noche.
La gente del vuelo estaba agitada y mal humorada, mientras yo me estaba desperezándome
observaba que dentro del avión se escuchaban diálogos de combinaciones a
distintos puntos de Europa, otros hablaban de juicios, otros de donde pasar la
noche. La verdad que yo no entendía nada.
Y la noticia, así, sin
anestesia: "Perdieron la conexión a Barcelona".
Todos puteando y yo en la
luna de Brasil. No entendía nada. ¿Cómo con todo lo que dormí y no estábamos en
España?
¿Qué mierda pasó?
El vuelo de combinación
de LATAM que teníamos al viejo mundo ya había partido. Y yo que le decía a
Pablo que tenía todo el vuelo coordinado…y el me decía “nena no te diste cuenta
de que salimos tarde de Buenos Aires y ya no llegábamos al transbordo”. Yo lo
miraba y no entendía nada. Mi viejo me sacó el pasaje y me dijo está todo
coordinado. No te hagas ningún problema. Te subís en Aeroparque, te bajás en
San Pablo, cambiás de avión y así llegas a Barcelona. Asi me lo dijo mi viejo…
Qué garrón me comí.
Me dije: Perder un avión
es como perder un colectivo, solo que hay menos chances de que llegué otro en
diez minutos.
Estos brasileños me
arruinaron la ilusión y como le decían al Chapulín Colorado, “y ahora quien
podrá salvarme”.
(y el Chapulín no vino….
Claro yo estaba en Brasil y el Chapulín es de México).
Me vi durmiendo en el
aeropuerto, después me dije: Dormir en un aeropuerto debe ser como acampar,
solo que, sin fogata, sin mosquitos, con aire acondicionado y con llamadas cada
5 minutos.
Tenemos que pasar la
noche en San Pablo escuché que dijo una voz. Y luego un centenar de murmullos.
¿La aerolínea nos tendrá
que dar una habitación? Escuché que dijo otro.
Y yo con 19 años y sola
no sabía que hacer…
Ya estaba cansada, siete
horas en aeroparque, tres horas de vuelo, luego hacer los trámites para
recuperar las valijas y me quería bañar, cenar y dormir. Además de confirmar el
vuelo para mañana.
Yo me preguntaba ¿Dónde
miércoles está mi valija? Mis nervios estaban de punta y pensé: “apenas estoy a
3 horas de mi casa” y no tengo ni para cambiarme la bombacha.
Yo, en mi interior, solo
pensaba en el stand up: "Esto. Es oro para un guion".
¡Lo siento, chicos, pero mi
cerebro de artista no tiene filtro en momentos de crisis!
Fue Pablo, el que, con un
portugués o un portuñol, forjado en algún viaje de trabajo —y supongo que
también de escuchar a Roberto Carlos, el del millón de amigos—, se acercó a la
asistente de LATAM. Una fila desordenada de zombis del viaje se extendía sin
fin. Pablo con su calma, con su "bom día, senhora, temos um problema…
grande".
¡Dale, Pablo decile que
sos amigo de Roberto Carlos!
(Música Roberto Carlos Yo
solo quiero)
¡… y con ese portuñol
básico lo consiguió…!
¿La solución de LATAM? Un
váucher para un hotel, cena y traslado.
¡Una solución a medias
para un problema entero!
En ese momento, las
valijas eran solo una sombra que no veíamos. No sabíamos donde estaban, ni como
conseguirlas. Lo único que sabíamos es que habían venido en nuestro vuelo desde
Buenos Aires y que estaban despachadas para Barcelona y nosotros estábamos en
Brasil.
Una valija grande y
pesada, llena de ropa limpia y cremas caras, que nadie sabía dónde estaban. Ya
estábamos tan cansadas y desilusionadas que solo queríamos darnos una ducha,
cenar y dormir.
Nora, siempre Nora,
intentó animar: "¡Esto es una aventura, chicas!".
Y yo la miraba y pensaba,
"Nora, con todo respeto, ¿qué clase de aventura es perder tus cremas
anti-edad en un aeropuerto y tener la incertidumbre de no saber cómo
recuperarlas?". ¡La vida es una aventura!
Ana Luisa, se reía porqué Nora se compró cuatro
cajas de Cicatricure anti age que en el envase decía, “rejuvenece 5 años” y
entre risa le decía ¿Qué pensaste que se suman? jajaja
Pobre Ana Luisa ya fruncía el ceño, pensando
en los regalos para sus hijos, cuidadosamente elegidos durante meses.
¡Meses! Seguro que ya
tenían el moño puesto y todo dedicado. Ella era docente y acostumbrada a
preparar sus clases, también preparó con anticipación sus valijas.
En el taxi hacia el
hotel, un silencio que solo rompía el ruido de los aviones que nos recordaban
que estábamos atrapados en el laberinto de Guarullos. En la cena, un buffet…
sin grandes pretensiones. Eso sí, la adversidad une. Y así, entre un arroz pasado
y una carne misteriosa, nació… ¡el grupo de WhatsApp!
(Saca su celular y lo
muestra al público con orgullo.)
"Para no perdernos
en este quilombo, mantengámonos juntos y para que rememoremos estos momentos
siempre, sentémonos que yo les saco una foto".
Y así, señoras y señores,
nació el grupo más épico de la historia de los viajes avión: El grupo se llama
"El Peor Viaje de Tu Vida".
¿Qué casualidad, se llama
como el show?
Un nombre que, en ese
momento, parecía premonitorio, pero que, con el tiempo, se convirtió en una
bandera. En un chiste que cada vez que lo recordamos, nos sorprende con una
sonrisa.
Pablo cada tanto nos pone
una frase o un saludo y ahí se acuerda de cosas que vienen a su mente que por
ahí pasaron desapercibidas y las escribe y me las manda.
¿A que no saben qué?
En el hotel me encontré
con mi profesora de catequesis. Y me recordó que estudiara porque la tenía
previa.
Solo yo puedo llevarme
catequesis.
Si habrá lugares para
encontrarse a profesores, pero en un hotel de aeropuerto, solo a mi me puede
pasar.
Después de todo me dijo
una frase alentadora que me sirvió para mi stand up.
Una frase de Santo Tomás
Moro que dice así: “Felices los que saben reírse de si mismos, porque nunca
terminarán de divertirse” y eso lo dijo antes de subirse al cadalso porque su
amigo Enrique VIII se enojó con él porque no le aceptó su divorcio, entonces lo
mandó a decapitar.
¡Vieron como aprendí
historia, a que esta no la tenían!
Un aplauso por clase
gratuita de historia y religión.
Al día siguiente volvimos
al aeropuerto y aprendimos que a las valijas en Brasil las llaman “malas”
Y ahora viene la segunda
parte de la función
La Odisea de las
"Malas”
La mañana amaneció gris.
Como nuestros ánimos. Volvimos al aeropuerto. Recorrimos las oficinas. Hablamos
con agentes de LATAM que parecían entrenados en el arte de la evasión. Con
personal de seguridad que te miraba como si vos fueras el problema, y no la
víctima.
Saben, hablamos con todos
los que nos cruzábamos.
¡Con los empleados de
limpieza también!
Sí, les hablé a los de
limpieza, por si acaso tenían un dato de mi valija. El resultado: "No hay
información sobre su equipaje". ¡Qué original!
Que boluda yo, mirá si el
hombre de la limpieza podría tener el menor indicio de una valija que iba de
Buenos Aires a Barcelona.
Se entiende lo
desesperadas que estábamos. Nos esperaban en Barcelona, y nosotras estábamos en
Brasil y sin valijas.
¿Qué me cuentan?
"¡Es increíble!
¿Cómo pueden perder
tantas valijas de un mismo vuelo?", se quejaba Adriana, su voz ya con un
matiz de… ¿desesperación cordobesa?
Pablo, en tono
diplomático, traducía, y suavizaba al grupo. Y yo, Lucrecia, la actriz,
observaba atentamente para llevarlo al guion.
Perdón público dije
Lucrecia y ustedes tienen que aplaudir.
Vamos nuevamente.
Yo Lucrecia la actriz
-aplausos.
Bueno, bueno me gustó.
Podemos seguir así toda
la noche.
Señor usted, no siga
mirando para arriba. Ahora aplauda.
Absorbía cada gesto de
frustración, cada palabra de impotencia. Pensaba: "Esto es oro puro para
mi show de stand up.
Voy a aplicar el método
Stanislavski en un aeropuerto".
¿No sé, que carajo es el
método Stanislavsky? pero suena como algo intelectual.
Nora, la optimista
incansable, seguía: "Al menos tenemos techo y comida, ¿no? ¡Y estamos
juntos!". Y Ana Luisa, con los ojos vidriosos: "¡Mis cremas! ¡Mis
medicinas! ¡Todo está ahí!".
Sí, Ana Luisa, sabemos
que el mundo no puede parar porque te falte la crema de día y la de noche. Pero
en ese momento… ¡era una tragedia griega!
Hablando de tragedia
griega, el matrimonio que se peleaba en Buenos Aires seguía discutiendo. El
hombre le decía- ¿Cerraste el gas?...
Finalmente, casi sobre la
hora del próximo vuelo, logramos hacer la denuncia. Y cambiar el protocolo para
que las "malas" —que es "valijas" en portugués, ¡qué ironía!
— llegaran a Barcelona.
Una esperanza tenue, se
reavivó.
Nos ofrecieron un nuevo
vuelo, ¡con escala en Madrid! ¡Claro! Mejor que nada era, aceptábamos lo que
nos dieran. Hasta si nos daban uno con escala en Ucrania.
No, en Ucrania no porque
está en guerra…
(cantábamos: ¡Una escala
más, y no queremos más! ¡Una escala más, y no queremos más!)
Madrid, eterna. Corrimos
por todo el aeropuerto. Perdón que ya estábamos en España y ellos no dicen
corrimos, porque esa palabra tiene una connotación sexual. Así que nos apuramos
y cogimos el vuelo, como dicen ellos.
(música pasodoble España
Cañi por André Rieu)
Nos sentamos en las
butacas y escuchamos al capitán que nos dice: “Señores pasajeros estamos a
punto de despegar. Sepan disculpar que les reprogramamos sus asientos porque
Iberia en este momento suma un nuevo avión a su flota y este es el vuelo
inaugural.
¡Qué bien dijimos!
¡Mierda!
Otra vez la voz del
piloto.
-Señores pasajeros,
disculpen la molestia, como el avión es nuevo, la torre de control no nos tiene
anotados así que esperaremos una hora en la cabecera de pista y el aire
acondicionado te lo debo.
Barcelona, ¿finalmente?
Llegamos a Barcelona. Con
algo agridulce.
Finalmente aterrizamos.
(Música Barcelona
Monserrat Caballe y Freddy Mercuri)
¿Y ahora porque no
bajamos?
(sonido de turbinas de
avión)
Otra vez el piloto.
Señores pasajeros disculpen la molestia, como el avión es nuevo, la manga no
encaja con la puerta del avión así que esperaremos unos treinta minutos a que
la reparen.
Otros 30 minutos de
espera, ¡qué coñazo! como dicen en España.
"¡Otra vez
no!", exclamé yo, con un aire de fatalidad cómica, casi como si estuviera
en una obra de teatro absurdo
La cinta de equipaje
vacía, como un oráculo cruel nos dijera: “sigan participando”.
Fue entonces cuando
entendí que no era un viaje, era una prueba del destino.
Habíamos corrido aeropuertos, inaugurado
aviones, sobrevivido a protocolos imposibles y escuchado más disculpas de
pilotos que canciones de reggaetón en verano.
El Peor Viaje de Tu Vida
no terminó con el aterrizaje en Barcelona. Terminó en ese instante, mirando la
cinta girar en falso, mientras alguien murmuraba: ‘Al menos tenemos la
anécdota’.
Y así, entre risas
nerviosas y lágrimas secas, descubrimos la verdad: las valijas se pierden, los
vuelos se retrasan,
La ciudad nos esperaba con su arquitectura, su
aire mediterráneo… y la cinta de equipaje con el mensaje claro: "Sus
valijas no están aquí, ¡inténtelo otra vez en la próxima vida!"
Se acuerdan de la tapita
de Coca Cola que decía: Siga participando.
miren que viaje, que
hasta inauguré un avión…
Ahí estábamos, exhaustos,
con la esperanza hecha polvo y el humor al borde del colapso. Barcelona nos
recibía con Gaudí, con el Mediterráneo… y con nuestros familiares esperándonos
desde el día anterior.
Pablo, volvió a la carga.
Formularios. Descripciones detalladas: "Mi valija es de color… frustración,
resignación. Y un candado de… ¿para qué, si la pierden igual?".
Los primeros tres días en
Barcelona fueron un turismo forzado. Con ropa prestada o comprada en tiendas
que te hacen sentir como un turista con exceso de entusiasmo. Caminamos por las
calles, pero la bronca era un nudo en el estómago.
"¡Estoy cansada de
esta ropa!", se lamentaba Nora. "¡Quiero mis zapatos cómodos!".
Y Ana Luisa, Extrañando sus pantuflas y su pijama de seda. Yo intentaba ver el
lado positivo: "¡Miren! Estamos conociendo Barcelona… de una forma… ¡muy
particular!". ¡Inolvidable, eso sí!
El Reencuentro (y el
guion)
Y entonces, al cuarto
día, cuando ya estábamos a punto de rendirnos y quemar nuestra ropa de
souvenir, ¡el mensaje en el grupo de WhatsApp! "¡Aparecieron mis valijas!"
(Lucrecia hace una pausa
dramática, como si reviviera el momento. llora)
Un grito ahogado de mi
parte, una exclamación de Ana Luisa, una risa nerviosa de Nora, y un suspiro de
alivio de Pablo. Nos fuimos al aeropuerto, casi sin creerlo. ¡Y allí estaban!
Maltrechas, con etiquetas de aeropuertos que ni sabíamos que existían, sucias…
¡pero intactas!
Los abrazos se
sucedieron. Las risas de desahogo. Nora, con los brazos en alto, gritó:
"¡Lo logramos!" "¡Lo logramos!".
Y yo, con una sonrisa
genuina, liberada, vi la escena. Las siete horas de retraso en Buenos Aires, la
conexión perdida en São Paulo, el peregrinar por Guarulhos, la odisea de las
valijas, la parada en Madrid, la inauguración de un avión nuero, los días en
Barcelona sin nada, y, sobre todo, la unión de cinco desconocidos… de
diferentes edades, de diferentes lugares, ¡forjando una amistad en la
adversidad!
"Chicos”, les dije,
con un brillo particular en los ojos, ¡Esto es la chispa de la inspiración!
"Esto es una historia. Una gran historia. ¡Y tengo la idea de escribirla y
actuarla!".
Y así, señoras y señores,
nació el stand up de "El Peor Viaje de Tu Vida"
Pablo me miró y me dijo:
"Yo te ayudo con el guion. Nora y Ana Luisa se rieron: "Yo quiero
hacer de la consuegra desesperada por sus cremas", bromeó Ana Luisa.
"Y yo de la optimista a pesar de todo", añadió Nora.
La odisea había
terminado, pero de ella brotó algo inesperado.
La semilla de una amistad
profunda, de esas que se forjan en el caos, y la inspiración para una historia
que, algún día, espero, se contará en un escenario.
No se si los
protagonistas de esta historia alguna vez nos volveremos a ver, pero siempre
recordaremos que alguna vez cinco personas desconocidas compartimos una
increíble aventura que nunca olvidaré.
Porque a veces, perderse
es la mejor manera de encontrarse.
¡Y de encontrar material
para un buen show!
(Lucrecia sonríe
ampliamente, hace una reverencia. Toma la maleta y se la lleva como si fuera su
trofeo.)
¡Muchas gracias! ¡Y buen
viaje a todos!
¡Espero que el viaje de
ustedes sea mejor que el nuestro…!
Cinco personas de
distintas edades, de distintas partes del país nos encontramos en un lugar
inesperado y nos hicimos amigos.
Valoremos la amistad.
Anímense, todos los que
están cómodamente en sus butacas, mírense y preséntense y luego dense un abrazo
y verán como la magia de la amistad los va a unir para siempre.
(Música Roberto Carlos
“yo solo quiero”)