sábado, 11 de julio de 2026

¡El Peor Viaje de Tu Vida! Stand up

 

 ¡El Peor Viaje de Tu Vida!

(Lucrecia entra al escenario con una maleta con un tags de equipaje de tres letras EZE, parece haber sobrevivido a un apocalipsis, la suelta con un suspiro dramático y sonríe al público).

¡Buenas noches, hermosa gente!

¡Qué alegría ver tantas caras… descansadas!

Veo tantos rostros y me recuerdan lo cara que está la vida.

-No se enoje señor, estará cara la vida, pero la entrada al stand up, está muy barata…

Bueno, alguno por ahí tiene cara de no saber de qué se trata la obra.

¿Cómo dice señora?, ¿A usted, le pareció cara la entrada?

¡Ni se imagina las cosas que va escuchar acá!

¡Va a ver que le va a gustar!

 

Este es el mejor stand up sobre viajes de aviación.

Mi nombre es Lucrecia, tengo 19 años y soy actriz. O como diría mi abuela, "actriz de método, ¡Sos una actriz de método, entendiste nena! Que grande mi abuela, como la quiero"

¿Sabés que es una actriz de método?

Una actriz de método es la que primero vivenció en carne propia su realidad y después la actúa.

… Y aquí me tienen. Soy Lucrecia la monologuista número uno de Buenos Aires, la más viajada, la que vivenció cada momento de este que fue: “El peor viaje de mi vida”.

(Se apoya en la maleta. Y solloza)

Soy actriz de método y yo misma viví: “El peor viaje de mi vida”.

(llora con un llanto liberador y exagerado)

… y no es que llore porque sea una buena actriz, lloro porque me acuerdo del viaje…

(llanto desconsolado, exagerado)

Pero ahora se los voy a compartir, y para ustedes será el peor viaje de sus vidas, se los prometo.

Verán, en mi corta pero intensa vida, siempre he creído que cualquier lugar puede ser un escenario para actuar. Un colectivo, la fila del supermercado, la peluquería, la cola de la pizzería Guerrín en la calle Corrientes… y porque no, ¡la sala de embarque de un aeropuerto! Si señores, cualquier lugar es bueno para hacer arte. Es más ahora me voy a grabar y lo voy a publicar en las redes sociales. ¿Qué les parece?

Bueno, vuelvo a la sala de embarque del aeropuerto.

Había tanta gente que estaba por interpretar una obra de Shakespeare. Pensaba mostrar mis dotes de artista dramática y después pasar la gorra.

Pero no me fue bien. Tenía que decir “to be or not to be, that is the question” en Castellano “Ser o no ser, esa es la cuestión” y para hacerme la graciosa dije: “Pago Netflix o le robo la contraseña al vecino del departamento de al lado, esa es la cuestión”.

No se ría señora que seguro que a usted Netflix se lo debe compartir su cuñada.

Después me enteré de que en el hall del aeropuerto, había más gente que no la dejaban subir al embarque y se la pasaban dando notas a los canales de televisión y puteaban a todos.

Así es, mi querido público, imagínense este teatro como una sala de embarque de un aeropuerto. No había ni cámaras de televisión, si pateábamos nadie nos podía escuchar, estábamos cautivos, secuestrados, atormentados, angustiados, afligidos, oprimidos, torturados y consternados.

Por alguna razón los vuelos no salían…

Si señora, estábamos así. A que usted nunca estuvo encerrada siete horas en una sala de embarque sin saber si su vuelo iba a despegar.

Lo único que falta es que usted crea que estoy exagerando.

Le repito: estábamos cautivos, secuestrados, atormentados, angustiados, afligidos, oprimidos, torturados y consternados, y aparte yo estaba indispuesta.

(Mirando al público con la palma de la mano sobre sus cejas, luego subiendo sus ojos hacia el horizonte, dice...)

-Mire señor ve ese avión elevándose hacia el cielo. ¡Mire señor! ¿lo ve?

(señala con la mano un horizonte)

-Mire señora ese galán con ropa importada, que churro que está.

(sonriendo y olfateando alegremente)

Y sienta ese perfume francés que se huele desde lejos.  

De donde habré sacado la palabra “Churro”, seguro que me la enseñó mi abuela…

Y lo del perfume, ustedes saben que no huelo a nadie así desde la pandemia.

¿Señor usted se puso perfume…? parece que no…

(con cara tipo asco)

Mire que Rexona sacó el nuevo desodorante All Body que ahora se puede echar en las axilas, en la panza, en las piernas, y en los brazos.

(cara cómplice, abriendo los ojos)

Las mujeres ahí abajo… y los hombres no dicen, ahí abajo…

Los hombres dicen: en las bolas…

Es más, antes de la pandemia se sentían esas fragancias importadas, después te decían, si no los oles, es porque tuviste Covid. Y la gente dejó de ponerse perfume. La excusa era válida. ¿No me sentís el perfume? Me puse Antonio Banderas, se ve que tenés Covid que no lo olés.

¡Como cambiaron las cosas, de no ponerse una gota de fragancia a perfumarse las bolas….!

Esa broma se la hice dos veces a la misma persona y me dijo: “Tenés olor a las bolas de Antonio Banderas… No me engañes”.

¿Ustedes notaron lo mismo?

(sonido a turbina de avión)

Señor ¿todavía no vio los aviones por allá?

Le dije que los imagine… ¿para que viene al teatro si no colabora…?

Cerremos todos los ojos y disfrutemos un minuto del silencio…

Vamos, cerremos todos los ojos.

Imaginemos todos.

(Música de Vángelis 1492) (suena 15 segundos)

Nos estamos por ir del país a pasar unas hermosas vacaciones.

¿Están imaginando?

¿Les gusta la música?

Operador escuchamos un poco más. (10 segundos más de Vángelis).

Bájame la música ¡Basta!

Esa música no está en los aeropuertos.

(escuchamos sonido de turbinas)

Sentimos ese ruido a turbinas, ese murmullo en la sala de espera,

(sonido de murmullos)

Y a esos pasajeros que te ponen un reggaetón a todo lo que da.

(sonido de reggaetón)

Peor los que están con esos auriculares que parecen astronautas y vos le escuchás esa música electrónica a siete metros de distancia. Son tan invasivos que te preguntás si realmente están escuchando música o si adentro de la cabeza las neuronas están haciendo un recital clandestino.

Pero en las terminales también escuchamos los alto parlantes diciendo “los pasajeros con destino a Cancún acercarse a la puerta número 9”.

¡Qué hermoso, qué hermoso que es eso!

(música voyage voyage fragmento)

¡Pero eso no fue lo que me pasó a mí!

Ni fui a Cancún, y no escuché ningún alto parlante que me llamara.

Llegue siete horas antes esperando que la niebla decida cuando se va a retirar para que mi vuelo pueda salir del aeroparque.

¡Siete horas, me entendés, siete horas!

(llora con angustia y entre cortado casi inentendible dice: siete horas mostrando siete dedos)

Fui recontra temprano para evitar el tránsito y quedarme tranqui tomando un café.

Ve señor, usted tenía razón…

Usted, el que no se imaginaba el avión.

¿Vio al avión? ¿Lo vio? ¿Pero cómo lo va a ver el avión si había niebla?

Usted no me ayuda con el show. Ponga un poco de onda.

No se veía nada…

(se pone lentes oscuros y simula con los brazos hacia adelante como si estuviera ciega)

Nada. Me entendieron, no se veía nada. Solo niebla.

“Y ahí estoy yo, atrapada en la sala de espera del aeropuerto: suficiente tiempo para aprenderme el menú de Starbucks como si fuera una obra Shakespeare, tiempo para ver a una pareja discutir boludeces como, quién olvidó guardar la azucarera, como si fuera una tragedia griega… y me cruzó por la cabeza —quizás, solo quizás— la idea de que toda esta gente estaba actuando para mí, y me estaban dando letra para hacer un stand up.

 ¡Bienvenidos al verdadero teatro del absurdo: la sala de embarque de aeroparque!”

Ustedes ni se imaginan la cantidad de estúpidos que hay en los aeropuertos.

¿Nunca les pasó?

Señor, no haga una sonrisa, ríase con ganas, si se va a reír, ríase de verdad.

Pensar que en cuatro minutos hago un huevo pasado por agua, en una hora y media un pollo al horno, y yo estoy siete horas al pedo en un aeropuerto.

(Ríe irónicamente)

Ese escenario me sirvió para guionar todo lo que pasa en el embarque y me hago un show de primera.

O Fernando Peña y Guido Suller no hacían lo mismo.

¿Cómo robaban, no escribían nada, solo contaban lo que les pasaba cuando eran azafatos…?

Es como si un ferretero contara los que van a su ferretería a pedirle un coso o un cosito…

¿Qué gracia tiene…?

Pero yo soy actriz de método.

Escribí la obra, la ensayé, y ahora la actúo.

(gesto con las manos de rezo)

(Música vuela vuela en castellano, fragmento).

La pareja seguía con la discusión. Ahora el esposo le recriminaba que no guardó la tapa del pomo de Colgate y que el dentífrico quedó abierto.

¡Ni a Borges se le hubiese ocurrido una historia igual, y los viejos se seguían peleando con más boludeces!

Me hicieron acordar a mis abuelos…

¿Qué pasa, que me miran así sus padres no se peleaban por boludeces?

La cosa es que mi deseo de entretener a las personas agotadas, estresadas y angustiadas por la espera interminable se vio interrumpida por un anuncio mágico: "Pasajeros con destino a São Paulo, por favor, diríjanse a la puerta de embarque".

(mira al público con los brazos abiertos, realizando gestos en cámara lenta)

Y grité más que el penal que hizo Gonzalo Montiel a Francia en el mundial de Qatar.

Voy a viajar, voy a viajar. Al fin.

(música vuela, vuela)

Tampoco daba que actuara en el embarque: primero porque el clima no daba, segundo porque ya nadie tenía pesos, y los dólares los tenían todos encanutados en alguna parte del cuerpo.

Una vez un hombre me dio un dólar, lo olí y le pregunté ¿Usted viene de un viaje? Y me preguntó cómo se dio cuenta.

¡Porque tiene un olor a bolas increíble!

Pero ahora tenemos el nuevo Rexona all body.

Ni quiero pensar dónde se guardaron los pesos argentinos.,,

 

 

¡Aleluya! Un suspiro colectivo que sonó a "¡Por fin, nos liberamos de este suplicio!"…

Me imaginaba a Los Fronterizos en la misa criolla cantando “Gloria a Dios en las alturas”

(se escucha el “gloria” de Ariel Ramírez y Félix Luna)

Que voz la de Zamba Quipindor, pero la negra Sosa también, la gastó. Ahora la canta Abel Pintos.

Si supieran lo efímero que fue esa libertad, hubieran seguido durmiendo en el suelo. Porque había gente acostada en el piso que hasta roncaba.

De que se ríen. Sí yo también, me dormí en el piso, si no había una puta silla donde sentarse. Ni se podía respirar ese aire viciado de tanta gente esperando y murmurando lo más alto que podía. Parecía “La Salada”, solo faltaban los bolivianos vendiendo corpiños.

Y lo peor de todo fue que ¡nadie se puso el Rexona all body!

Pensar que a la mañana llegué muy temprano con una sonrisa al aeropuerto, llena de ilusiones, hasta que me crucé con Mercedes Ninci, la cronista de radio Mitre y mi abuela me lo adevirtió “cagamos”, si esta mina está acá, es porque hay un paro, o se cayó avión.

¿Qué puede estar haciendo una periodista con micrófono en mano en una terminal aérea?

Ella fue el pájaro de mal agüero. Ya lo saben la Ninci es mufa.

Si les llega a pasar lo mismo, si la ven a ella con cámaras o micrófonos,

 ¡váyanse al carajo!

(Música Rodrigo “soy cordobés”)

Continúo. Después de ocho horas de espera, se despejó la niebla y empezaron a volar los aviones.

Despegamos. (sonido de turbinas)

(Vuela, vuela música)

Zumbido, nubes, Argentina quedando atrás… y yo, Lucrecia, la actriz número uno del stand up ¿qué hice?

Dormí. Sí, señora. Dormí plácidamente. Dormí todo el viaje.

Mientras el universo conspiraba contra los todos los pasajeros.

Porque claro, yo dormía como un angelito, pero alrededor, la gente se movía.

 Lo tenía a Pablo, un señor sentado al lado mío que le habré pegado un par de sopapos mientras me daba vuelta o me apoyaba en su hombro para reposar mejor, ¡pobre!, ma que pobre, que se la banque, si no le gustaba se hubiese comprado un pasaje de primera.

Entre sueño y sueño lo miraba y él estaba sereno, pero antes de partir estuvo tecleando en su celular, buscando vuelos, investigando no sé qué, me imagino que alguna preocupación tendría.

Y luego en el vuelo estaban, en el asiento de adelante las reinas de Venado Tuerto: Nora y Ana Luisa, dos consuegras que se ubicaron una a cada lado del pasillo, como si el pasillo fuera la vereda de su pueblo como si estuvieran pasándose el chismecito de la cuadra.

Nora, la soñadora que veía el lado positivo de una mancha de humedad.

Bueno cada uno puede imaginar, lo que quiera…

Ana Luisa, más pragmática estaba haciendo las cuentas del blíster con remedios que había guardado en su valija  y que al llegar y debía tomar una de sus píldoras. Y unas filas más atrás, la explosión cordobesa: Adriana, con su acento inconfundible y esa impaciencia que solo puede tener alguien que conoce la fórmula exacta del fernet con cola.

¡Pobre Adriana! No sabía lo que le esperaba.

(esto no era como el Cucú de Carlos Paz que cada hora sale el pajarito…y la gente se amontona para sacarle una foto mientras espera la hora exacta)

La bienvenida a Guarulhos: ¡Sorpresa!

 (Sérgio Mendes - País tropical fragmento)

Llegamos a São Paulo de noche. La gente del vuelo estaba agitada y mal humorada, mientras yo me estaba desperezándome observaba que dentro del avión se escuchaban diálogos de combinaciones a distintos puntos de Europa, otros hablaban de juicios, otros de donde pasar la noche. La verdad que yo no entendía nada.

Y la noticia, así, sin anestesia: "Perdieron la conexión a Barcelona".

Todos puteando y yo en la luna de Brasil. No entendía nada. ¿Cómo con todo lo que dormí y no estábamos en España?

¿Qué mierda pasó?

El vuelo de combinación de LATAM que teníamos al viejo mundo ya había partido. Y yo que le decía a Pablo que tenía todo el vuelo coordinado…y el me decía “nena no te diste cuenta de que salimos tarde de Buenos Aires y ya no llegábamos al transbordo”. Yo lo miraba y no entendía nada. Mi viejo me sacó el pasaje y me dijo está todo coordinado. No te hagas ningún problema. Te subís en Aeroparque, te bajás en San Pablo, cambiás de avión y así llegas a Barcelona. Asi me lo dijo mi viejo…

Qué garrón me comí.

Me dije: Perder un avión es como perder un colectivo, solo que hay menos chances de que llegué otro en diez minutos.

Estos brasileños me arruinaron la ilusión y como le decían al Chapulín Colorado, “y ahora quien podrá salvarme”.

(y el Chapulín no vino…. Claro yo estaba en Brasil y el Chapulín es de México).

Me vi durmiendo en el aeropuerto, después me dije: Dormir en un aeropuerto debe ser como acampar, solo que, sin fogata, sin mosquitos, con aire acondicionado y con llamadas cada 5 minutos.

Tenemos que pasar la noche en San Pablo escuché que dijo una voz. Y luego un centenar de murmullos.

¿La aerolínea nos tendrá que dar una habitación? Escuché que dijo otro.

Y yo con 19 años y sola no sabía que hacer…

Ya estaba cansada, siete horas en aeroparque, tres horas de vuelo, luego hacer los trámites para recuperar las valijas y me quería bañar, cenar y dormir. Además de confirmar el vuelo para mañana.

Yo me preguntaba ¿Dónde miércoles está mi valija? Mis nervios estaban de punta y pensé: “apenas estoy a 3 horas de mi casa” y no tengo ni para cambiarme la bombacha.

Yo, en mi interior, solo pensaba en el stand up: "Esto. Es oro para un guion".

¡Lo siento, chicos, pero mi cerebro de artista no tiene filtro en momentos de crisis!

Fue Pablo, el que, con un portugués o un portuñol, forjado en algún viaje de trabajo —y supongo que también de escuchar a Roberto Carlos, el del millón de amigos—, se acercó a la asistente de LATAM. Una fila desordenada de zombis del viaje se extendía sin fin. Pablo con su calma, con su "bom día, senhora, temos um problema… grande".

¡Dale, Pablo decile que sos amigo de Roberto Carlos!

(Música Roberto Carlos Yo solo quiero)

¡… y con ese portuñol básico lo consiguió…!

¿La solución de LATAM? Un váucher para un hotel, cena y traslado.

¡Una solución a medias para un problema entero!

En ese momento, las valijas eran solo una sombra que no veíamos. No sabíamos donde estaban, ni como conseguirlas. Lo único que sabíamos es que habían venido en nuestro vuelo desde Buenos Aires y que estaban despachadas para Barcelona y nosotros estábamos en Brasil.

Una valija grande y pesada, llena de ropa limpia y cremas caras, que nadie sabía dónde estaban. Ya estábamos tan cansadas y desilusionadas que solo queríamos darnos una ducha, cenar y dormir.

Nora, siempre Nora, intentó animar: "¡Esto es una aventura, chicas!".

Y yo la miraba y pensaba, "Nora, con todo respeto, ¿qué clase de aventura es perder tus cremas anti-edad en un aeropuerto y tener la incertidumbre de no saber cómo recuperarlas?". ¡La vida es una aventura!

 Ana Luisa, se reía porqué Nora se compró cuatro cajas de Cicatricure anti age que en el envase decía, “rejuvenece 5 años” y entre risa le decía ¿Qué pensaste que se suman? jajaja

 Pobre Ana Luisa ya fruncía el ceño, pensando en los regalos para sus hijos, cuidadosamente elegidos durante meses.

¡Meses! Seguro que ya tenían el moño puesto y todo dedicado. Ella era docente y acostumbrada a preparar sus clases, también preparó con anticipación sus valijas.

En el taxi hacia el hotel, un silencio que solo rompía el ruido de los aviones que nos recordaban que estábamos atrapados en el laberinto de Guarullos. En la cena, un buffet… sin grandes pretensiones. Eso sí, la adversidad une. Y así, entre un arroz pasado y una carne misteriosa, nació… ¡el grupo de WhatsApp!

(Saca su celular y lo muestra al público con orgullo.)

"Para no perdernos en este quilombo, mantengámonos juntos y para que rememoremos estos momentos siempre, sentémonos que yo les saco una foto".  

Y así, señoras y señores, nació el grupo más épico de la historia de los viajes avión: El grupo se llama "El Peor Viaje de Tu Vida".

¿Qué casualidad, se llama como el show?

Un nombre que, en ese momento, parecía premonitorio, pero que, con el tiempo, se convirtió en una bandera. En un chiste que cada vez que lo recordamos, nos sorprende con una sonrisa.

Pablo cada tanto nos pone una frase o un saludo y ahí se acuerda de cosas que vienen a su mente que por ahí pasaron desapercibidas y las escribe y me las manda.

¿A que no saben qué?

En el hotel me encontré con mi profesora de catequesis. Y me recordó que estudiara porque la tenía previa.

Solo yo puedo llevarme catequesis.

Si habrá lugares para encontrarse a profesores, pero en un hotel de aeropuerto, solo a mi me puede pasar.

Después de todo me dijo una frase alentadora que me sirvió para mi stand up.

Una frase de Santo Tomás Moro que dice así: “Felices los que saben reírse de si mismos, porque nunca terminarán de divertirse” y eso lo dijo antes de subirse al cadalso porque su amigo Enrique VIII se enojó con él porque no le aceptó su divorcio, entonces lo mandó a decapitar.

¡Vieron como aprendí historia, a que esta no la tenían!

Un aplauso por clase gratuita de historia y religión. 

Al día siguiente volvimos al aeropuerto y aprendimos que a las valijas en Brasil las llaman “malas”

Y ahora viene la segunda parte de la función

La Odisea de las "Malas”

La mañana amaneció gris. Como nuestros ánimos. Volvimos al aeropuerto. Recorrimos las oficinas. Hablamos con agentes de LATAM que parecían entrenados en el arte de la evasión. Con personal de seguridad que te miraba como si vos fueras el problema, y no la víctima.

Saben, hablamos con todos los que nos cruzábamos.

¡Con los empleados de limpieza también!

Sí, les hablé a los de limpieza, por si acaso tenían un dato de mi valija. El resultado: "No hay información sobre su equipaje". ¡Qué original!

Que boluda yo, mirá si el hombre de la limpieza podría tener el menor indicio de una valija que iba de Buenos Aires a Barcelona.

Se entiende lo desesperadas que estábamos. Nos esperaban en Barcelona, y nosotras estábamos en Brasil y sin valijas.

¿Qué me cuentan?

"¡Es increíble!

¿Cómo pueden perder tantas valijas de un mismo vuelo?", se quejaba Adriana, su voz ya con un matiz de… ¿desesperación cordobesa?

Pablo, en tono diplomático, traducía, y suavizaba al grupo. Y yo, Lucrecia, la actriz, observaba atentamente para llevarlo al guion.

Perdón público dije Lucrecia y ustedes tienen que aplaudir.

Vamos nuevamente.

Yo Lucrecia la actriz -aplausos.

Bueno, bueno me gustó.

Podemos seguir así toda la noche.

Señor usted, no siga mirando para arriba. Ahora aplauda.

Absorbía cada gesto de frustración, cada palabra de impotencia. Pensaba: "Esto es oro puro para mi show de stand up.

Voy a aplicar el método Stanislavski en un aeropuerto".

¿No sé, que carajo es el método Stanislavsky? pero suena como algo intelectual.

Nora, la optimista incansable, seguía: "Al menos tenemos techo y comida, ¿no? ¡Y estamos juntos!". Y Ana Luisa, con los ojos vidriosos: "¡Mis cremas! ¡Mis medicinas! ¡Todo está ahí!".

Sí, Ana Luisa, sabemos que el mundo no puede parar porque te falte la crema de día y la de noche. Pero en ese momento… ¡era una tragedia griega!

Hablando de tragedia griega, el matrimonio que se peleaba en Buenos Aires seguía discutiendo. El hombre le decía- ¿Cerraste el gas?...

Finalmente, casi sobre la hora del próximo vuelo, logramos hacer la denuncia. Y cambiar el protocolo para que las "malas" —que es "valijas" en portugués, ¡qué ironía! — llegaran a Barcelona.

Una esperanza tenue, se reavivó.

Nos ofrecieron un nuevo vuelo, ¡con escala en Madrid! ¡Claro! Mejor que nada era, aceptábamos lo que nos dieran. Hasta si nos daban uno con escala en Ucrania.

No, en Ucrania no porque está en guerra…

(cantábamos: ¡Una escala más, y no queremos más! ¡Una escala más, y no queremos más!)

Madrid, eterna. Corrimos por todo el aeropuerto. Perdón que ya estábamos en España y ellos no dicen corrimos, porque esa palabra tiene una connotación sexual. Así que nos apuramos y cogimos el vuelo, como dicen ellos.

(música pasodoble España Cañi por André Rieu)

Nos sentamos en las butacas y escuchamos al capitán que nos dice: “Señores pasajeros estamos a punto de despegar. Sepan disculpar que les reprogramamos sus asientos porque Iberia en este momento suma un nuevo avión a su flota y este es el vuelo inaugural.

¡Qué bien dijimos!

¡Mierda!

Otra vez la voz del piloto.

-Señores pasajeros, disculpen la molestia, como el avión es nuevo, la torre de control no nos tiene anotados así que esperaremos una hora en la cabecera de pista y el aire acondicionado te lo debo.

Barcelona, ¿finalmente?

Llegamos a Barcelona. Con algo agridulce.

Finalmente aterrizamos.

(Música Barcelona Monserrat Caballe y Freddy Mercuri)

¿Y ahora porque no bajamos?

(sonido de turbinas de avión)

Otra vez el piloto. Señores pasajeros disculpen la molestia, como el avión es nuevo, la manga no encaja con la puerta del avión así que esperaremos unos treinta minutos a que la reparen.

 

Otros 30 minutos de espera, ¡qué coñazo! como dicen en España.

"¡Otra vez no!", exclamé yo, con un aire de fatalidad cómica, casi como si estuviera en una obra de teatro absurdo

La cinta de equipaje vacía, como un oráculo cruel nos dijera: “sigan participando”.

Fue entonces cuando entendí que no era un viaje, era una prueba del destino.

 Habíamos corrido aeropuertos, inaugurado aviones, sobrevivido a protocolos imposibles y escuchado más disculpas de pilotos que canciones de reggaetón en verano.

El Peor Viaje de Tu Vida no terminó con el aterrizaje en Barcelona. Terminó en ese instante, mirando la cinta girar en falso, mientras alguien murmuraba: ‘Al menos tenemos la anécdota’.

Y así, entre risas nerviosas y lágrimas secas, descubrimos la verdad: las valijas se pierden, los vuelos se retrasan,

 La ciudad nos esperaba con su arquitectura, su aire mediterráneo… y la cinta de equipaje con el mensaje claro: "Sus valijas no están aquí, ¡inténtelo otra vez en la próxima vida!"

Se acuerdan de la tapita de Coca Cola que decía: Siga participando.

miren que viaje, que hasta inauguré un avión…

Ahí estábamos, exhaustos, con la esperanza hecha polvo y el humor al borde del colapso. Barcelona nos recibía con Gaudí, con el Mediterráneo… y con nuestros familiares esperándonos desde el día anterior.

Pablo, volvió a la carga. Formularios. Descripciones detalladas: "Mi valija es de color… frustración, resignación. Y un candado de… ¿para qué, si la pierden igual?".

Los primeros tres días en Barcelona fueron un turismo forzado. Con ropa prestada o comprada en tiendas que te hacen sentir como un turista con exceso de entusiasmo. Caminamos por las calles, pero la bronca era un nudo en el estómago.

"¡Estoy cansada de esta ropa!", se lamentaba Nora. "¡Quiero mis zapatos cómodos!". Y Ana Luisa, Extrañando sus pantuflas y su pijama de seda. Yo intentaba ver el lado positivo: "¡Miren! Estamos conociendo Barcelona… de una forma… ¡muy particular!". ¡Inolvidable, eso sí!

El Reencuentro (y el guion)

Y entonces, al cuarto día, cuando ya estábamos a punto de rendirnos y quemar nuestra ropa de souvenir, ¡el mensaje en el grupo de WhatsApp! "¡Aparecieron mis valijas!"

(Lucrecia hace una pausa dramática, como si reviviera el momento. llora)

Un grito ahogado de mi parte, una exclamación de Ana Luisa, una risa nerviosa de Nora, y un suspiro de alivio de Pablo. Nos fuimos al aeropuerto, casi sin creerlo. ¡Y allí estaban! Maltrechas, con etiquetas de aeropuertos que ni sabíamos que existían, sucias… ¡pero intactas!

Los abrazos se sucedieron. Las risas de desahogo. Nora, con los brazos en alto, gritó: "¡Lo logramos!" "¡Lo logramos!".

Y yo, con una sonrisa genuina, liberada, vi la escena. Las siete horas de retraso en Buenos Aires, la conexión perdida en São Paulo, el peregrinar por Guarulhos, la odisea de las valijas, la parada en Madrid, la inauguración de un avión nuero, los días en Barcelona sin nada, y, sobre todo, la unión de cinco desconocidos… de diferentes edades, de diferentes lugares, ¡forjando una amistad en la adversidad!

"Chicos”, les dije, con un brillo particular en los ojos, ¡Esto es la chispa de la inspiración! "Esto es una historia. Una gran historia. ¡Y tengo la idea de escribirla y actuarla!".

Y así, señoras y señores, nació el stand up de "El Peor Viaje de Tu Vida"

Pablo me miró y me dijo: "Yo te ayudo con el guion. Nora y Ana Luisa se rieron: "Yo quiero hacer de la consuegra desesperada por sus cremas", bromeó Ana Luisa. "Y yo de la optimista a pesar de todo", añadió Nora.

La odisea había terminado, pero de ella brotó algo inesperado.

La semilla de una amistad profunda, de esas que se forjan en el caos, y la inspiración para una historia que, algún día, espero, se contará en un escenario.

No se si los protagonistas de esta historia alguna vez nos volveremos a ver, pero siempre recordaremos que alguna vez cinco personas desconocidas compartimos una increíble aventura que nunca olvidaré.

Porque a veces, perderse es la mejor manera de encontrarse.

¡Y de encontrar material para un buen show!

(Lucrecia sonríe ampliamente, hace una reverencia. Toma la maleta y se la lleva como si fuera su trofeo.)

¡Muchas gracias! ¡Y buen viaje a todos!

¡Espero que el viaje de ustedes sea mejor que el nuestro…!

Cinco personas de distintas edades, de distintas partes del país nos encontramos en un lugar inesperado y nos hicimos amigos.

Valoremos la amistad.

Anímense, todos los que están cómodamente en sus butacas, mírense y preséntense y luego dense un abrazo y verán como la magia de la amistad los va a unir para siempre.

(Música Roberto Carlos “yo solo quiero”)

 

 

 

 

 

martes, 3 de marzo de 2026

Ladran Sancho, señal que cabalgamos

Dicen que el Rey Enrique VIII de Inglaterra tenía un perro al que le puso el nombre de “Purkoy”, producto de la palabra francesa "pourquoi" porqué el can era muy curioso. 

Pero llamar “Porqué” a un perro además de curioso para el que hace la pregunta - ¿Cómo se llama el can? – ocasionaba una conversación mucho más insólita.



¿Cómo se llama el perrito?

"Porqué".

Dígame por favor ¿Quería acariciarlo?

Porqué.

No se enoje su majestad, es muy bonito ¿Cómo lo llamo?

Porqué

Y así se producían infinidad de confusiones.

"Porqué" fue el perro mascota de Ana Bolena, su segunda esposa. Algunas fuentes afirman que se trataba de un Bichón Habanero, un perro originario de Cuba, o tal vez un pequeño spaniel.   



Algo parecido ocurrió en la provincia de Córdoba, donde Piturro generó el mismo debate que el rey de inglaterra. 

Atención que Piturro no era el nombre del perro, sino el de su dueño. El perro fue bautizado con el nombre de “Cual”.

... imaginemos preguntar en Córdoba - ¿Cómo se llama el perro?- "Cual", ¿Ese perro?- ¿Cual? y así indefinidamente.

En el palacio, como en las sierras cordobesas el colocar a una mascota un nombre interrogativo, sin duda que deja de ser gracioso para ser grotesco.




En una tarde de verano escuchar una jauría de perros ladrando en forma caótica es insoportable, sobre todo si la temperatura a la sombra pasa los 38 grados y la garganta se seca, más la transpiración y la falta de ventiladores, uno anhela un lugar más placentero como una siesta con aire acondicionado.

Desde que el primer perro solista que inspiró a todos sus hermanos a un coro perruno, la tarde se volvió más insoportable, mientras el reloj se movía en cámara lenta, yo esperaba la hora de salir de mi actividad.

Era un 29 de diciembre y desde el medio día esperaba a Marquitos en la mesa de examen de morfología sonora, un taller para aprender a producir formatos radiales o virtuales.



Marcos ya estaba a punto de recibirse, pero adeudaba ese taller desde hacía tres años. Las autoridades del instituto habían fijado esa fecha y por reglamento debía esperarlo hasta la hora del té.

Gracias a Dios la tecnología me permitió comunicarme con él por correo electrónico y no dudé en enviarle ánimos, sugerirle un plan de estudios, resolverle algunas dudas, pero lo más importante fue confirmar si se presentaría al examen ya que Marcos era el único alumno.

Si la respuesta hubiera sido negativa, la piscina de casa o la siesta con aire acondicionado sería el comienzo de mis vacaciones. Pero Marquitos jamás contestó y ese 29 de diciembre se hizo extremadamente largo.

Creo que estaba somnoliento cuando escuché el timbre de finalización de la jornada, me despedí de mis colegas con un “nos vemos el año que viene” y salí apresuradamente, rumbo a mi domicilio. Ya los ladridos de los perros dejaron de interesarme y en ese único y preciso instante comencé mis vacaciones.




Casi dos meses después Marcos como si nada, se apareció por el instituto con la finalidad de rendir su último examen.

Lo esperé con los brazos abiertos, le dije que se quede tranquilo que sería un examen muy simple, corto, fácil y preciso. Le entregué las consignas para producir un podcast que apenas debería durar un par de minutos y nada más.

Todavía no puedo explicarme porque Marquitos estaba tan asustado.

Relajate -le dije- Te voy a dar un cuento del escritor uruguayo Mario Benedetti de apenas trece renglones para que, utilizando su argumento, le hagas una adaptación al día de hoy. Recordemos que el cuento fue escrito en 1989 y en el mundo pasaron muchas cosas que el alumno podría incorporar en la adaptación al podcast.



Un podcast es una serie de contenidos en audio digital que se puede escuchar a la carta, o en streaming o, a través de plataformas como Spotify, Apple Podcasts o sitios web. Se caracteriza por tratar temas específicos en episodios, con mayor flexibilidad de tiempo y temática, permitiendo la suscripción y escucha en cualquier momento.

Le di las características metodológicas, entre ellas que durara como máximo dos minutos y allí debía mostrar técnicas como mezcla, empalmes, limpieza de la voz, música incidental de fondo, efectos especiales, guion, locución, incorporación y actualización de contenidos para un público joven del año dos mil veintiséis incorporando escenas, costumbres y una cultura actual.




Por un instante, volví a la edad media y dudé si Dulcinea del Toboso, la agraciada mujer de Alonso Quijano, más conocido por su seudónimo de "El Quijote de la Mancha", según la pluma de Miguel de Cervantes y entonces pensé si ella realmente le creía a su amado todas las historias de caballería que a él se le ocurrían.

Todas las épocas tuvieron locos que trascendieron, desde las novelas medievales hasta los influencer en el Siglo XXI. Para algunos la realidad es una creación social, para otros la realidad es superada por los trasgresores.

Volviendo a Marquitos, hizo un buen trabajo, adaptó el cuento de Mario Benedetti “El hombre que aprendió a ladrar” incorporando las actitudes de los therians que son personas que se identifican espiritual o psicológicamente con un animal no humano, sintiendo que son ese animal, a pesar de tener un cuerpo humano.

Marcos jamás olvidará que para aprobar su examen tuvo que ladrar como un perro.




Y según Rocinante y Sancho, la frase "Ladran, Sancho, señal que cabalgamos" jamás la pronunció el Quijote de La Mancha, su origen pertenece al poema "Kläffer” de Goethe, popularizado luego por Rubén Darío.

 

Agradezco a Mario Benedetti por la inspiración que me brindó para el examen de Marcos. 

Vale la pena volver a leer ese cuento.


El hombre que aprendió a ladrar

Mario Benedetti

Lo cierto es que fueron años de arduo y pragmático aprendizaje, con lapsos de desalineamiento en los que estuvo a punto de desistir. Pero al fin triunfó la perseverancia y Raimundo aprendió a ladrar. No a imitar ladridos, como suelen hacer algunos chistosos o que se creen tales, sino verdaderamente a ladrar.

 ¿Qué lo había impulsado a ese adiestramiento? 

Ante sus amigos se autoflagelaba con humor: “La verdad es que ladro por no llorar”. Sin embargo, la razón más valedera era su amor casi franciscano hacia sus hermanos perros. 

Amor es comunicación.

 

¿Cómo amar entonces sin comunicarse?

 

Para Raimundo representó un día de gloria cuando su ladrido fue por fin comprendido por Leo, su hermano perro, y (algo más extraordinario aún) él comprendió el ladrido de Leo. A partir de ese día Raimundo y Leo se tendían, por lo general en los atardeceres, bajo la glorieta y dialogaban sobre temas generales. 

A pesar de su amor por los hermanos perros, Raimundo nunca había imaginado que Leo tuviera una tan sagaz visión del mundo.

 

Por fin, una tarde se animó a preguntarle, en varios sobrios ladridos: “Dime, Leo, con toda franqueza: ¿qué opinás de mi forma de ladrar?”. 

La respuesta de Leo fue bastante escueta y sincera: “Yo diría que lo haces bastante bien, pero tendrás que mejorar. 

Cuando ladras, todavía se te nota el acento humano.”




 

FIN