sábado, 9 de junio de 2018

EL ÚLTIMO SECRETO DE ENNIO MORRICONE: Como compuso la música de La Misión


LA PARTITURA ES UN SELLO IMBORRABLE 

La música descubre talentos que el mundo creía perdidos.

* Por Pablo Demkow




En la película "La Misión" se produjo la mayor injusticia en la entrega de los Oscar a la mejor banda sonora (Hollywood le negó la estatuilla a Morricone por estar afiliado al partido comunista italiano. Sin embargo el público la consagró a pesar de todo.
Ennio Morricone nació en Roma en 1928 y en 2020 nos dejó a los 91 años en su gira internacional número sesenta y dos.
Un hombre simple y dedicado no puede dejar de componer y dirigir orquestas convocando a miles de seguidores que lo aplauden de pie en dada una de sus presentaciones internacionales que realiza año tras año pesar de su edad. O tal vez deberíamos decir que el maestro crece en años gracias a la música que nos regala a diario.
Comenzó a trabajar profesionalmente setenta y cuatro años atrás y lo acompaña su esposa María Travia luego de sesenta y cuatro años de matrimonio junto a sus tres hijos. Una historia de amor que soportó el talento y la gloria, los viajes y los ensayos de una vida cargada de trabajo y éxitos.
Compuso más de 500 bandas sonoras de películas y series de televisión y nadie como él supo poner un sello en los momentos culmines de escenas que con su música inmortalizó.
Su paso por américa fue trascendente. Hollywood es la meca de la imagen y Morriconi es el sonido a pesar que nunca se llevaron bien.
Antes de morir Ennio Morriconi reveló uno de sus grandes secretos: Como compuso la música de La Misión.





El compositor de más de 500 bandas sonoras,  escribió  melodías únicas como el silbido de “El bueno, el malo y el feo” (1966) o el magnífico solo de oboe de “La misión” (1986), resulta ante todo un señor afable y disponible, que cuenta anécdotas y secretos con el mismo ritmo musical de sus composiciones.
La música de La Misión nació de una obligación. Tenía que escribir un solo de oboe, se desarrollaba en América del Sur en el siglo XVI y tenía la obligación de respetar el tipo de música de ese periodo. A la vez tenía que escribir una música que representara también a los indios de esa región. Todas esas obligaciones me encadenaban (…) Pero también lograron que saliera algo claro”, contó.
Investigando música sud americana  del siglo XVI encontró partituras que lo inspiraron en la realización. En un solo autor pudo encontrar desde el barroco europeo, hasta melodías guaraníes al son de una música litúrgica utilizada en esos precisos momentos en que sacerdotes misioneros se adentraban en la selva simplemente con una biblia y un instrumento musical.  
Pero esto forma parte de otra leyenda.
Se descubrió no hace mucho tiempo que un músico inmigrante italiano que formó parte de las misiones jesuítica en Córdoba sería la inspiración de la banda sonora de la Misión y es tan apasionante que hizo que Morricone utilizara sus partituras. Se llamó Domenico Zipoli, había nacido en la Toscana en 1688 y fue un majestuoso compositor de barroco. Tuvo influencias de Bach, Handel y Scarlatti en sus creaciones y dejó un legado inconcluso en Italia. De un día para otro desapareció sin dejar rastro.
Cuando el británico Roland Joffé le encargó a Ennio Morricone la banda sonora de la película “La Misión” protagonizada por Robert de Niro y Jeremy Irons. Morricone debió investigar sobre músicas autóctonas que se interpretaban en las reducciones jesuíticas de Argentina, Paraguay y Brasil. De allí surgió “Gabriel´s oboe” un interpretación muy pura, sencilla y espiritual acorde al paisaje selvático con una imagen fuerte al comienzo de la película cuando el padre Jesuíta es arrojado por los indígenas a las Cataratas del Iguazú.


El Padre Gabriel era un misionero de La Compañía de Jesús que intentó junto con sus hermanos de congregación evangelizar a los indios Guaraníes. El padre Gabriel (Jeremy Irons) encabezó la labor pastoral en solitario acompañado solamente de una Biblia y un oboe.  

Sin duda que la investigación de Ennio Morricone dio frutos y en toda la película utilizó partituras que luego arregló tomadas de testimonios hallados en las misiones jesuíticas. Esas composiciones poseían un cuidado y especial toque barroco influenciado por los sacerdotes europeos que llegaban a América en épocas de la colonia española y portuguesa.

La música de los misioneros jesuítas llevaba la firma de un hermano que nunca llegó a  ser sacerdote, morador de las reducciones de Córdoba que firmaba como Domingo Zipoli y recién en 1941 se pudo establecer que el Domenico Zipoli desaparecido de Italia y el Hermano Domingo Zipoli eran la misma persona.

La música de Zipoli en su período americano está teñida de un carácter en apariencia distinto al de la producción europea. Es posible que el compositor haya adaptado su estilo a la tradición jesuítica local de las misiones, de raíz española y tronco italo-germánico. Asimismo, parece haber estado escribiendo para un público no familiarizado con las convenciones formales y expresivas europeas de la época: buscó el efecto directo sin pérdida expresiva, y apeló a la sencillez del ensamble sin desmedro del virtuosismo individual.

Como Domenico Zipoli abandona Italia y llega a la Argentina transformado en hermano jesuíta también es llamativo.


La princesa de Forano María Teresa Mayorga Renzi Strozzi, amante de la música barroca y espectadora de Zipoli utilizando sus recursos económicos apoyó al músico en la composición de la "Sonate d'Intavolatura per órgano e cimbalo" y tanto ella como su madre habían establecido un centro de reunión de los altos círculos intelectuales y artísticos, entre cuyos concurrentes se encontraban también los compositores de mayor fama. Tanto la madre de María Teresa Strozzi, marquesa Ottavia di Scipione Renzi, como ella, pertenecían a la Arcadia Romana, en su condición de poetisas y literatas.
Zipoli además de haber recibido apoyo económico de la princesa, se cree que le dedicó la cantata para soprano continuo "Dell' offese a vendicarmi", sobre un hermoso texto dramático. Las obras se hallan en las bibliotecas de Marburgo y de Dresden.
Según algunas versiones el príncipe de Forano Lorenzo Francesco Strozzi, creyó que Zipoli cortejaba a su mujer y ante un escándalo, el músico decidió desaparecer de Italia y ante una vocación religiosa decidió incorporarse en Sevilla a la Compañía de Jesús para ser enviado como misionero al Río de la Plata.

Él encuentra en la música la forma de acercarse a Dios. Bajo las Bóvedas del Gesú cuando improvisa como corresponde aún 'maestro di capella' va encontrándose no sólo con la melodía, sino con el Dios al que la música alaba.

Da el paso decisivo y entre las solicitudes recibidas para pasar a las Indias no ha resultado inadvertida la suya. Su deseo de incorporarse a la Compañía y de misionar en el Río de la Plata es aprobada.

Zipoli de puño y letra recibe este interesante testimonio escrito de su superior "Pero además quiero serte franco. Has llegado a una rara excelencia en la música y también yo creo que el nuevo mundo necesita tus servicios. Pero la música es un producto cultural. Vive de una solidaridad delicada con las otras expresiones del alma y de la inquietud del hombre. Tu música encontrará correspondencia con los templos que allí hemos levantado y todavía construiremos y con otros testimonios del arte. Pero me temo que esa correspondencia sea insuficiente. Puede faltarte el sustento inconsciente de tu inspiración. O mejor, mucho mejor, nacer un nuevo estilo para un Mundo Nuevo".

Finalmente se embarcó y llegó al Río de la Plata, quince días permaneció en la Buenos Aires colonial y en una lenta carrera de bueyes partió luego para Córdoba.

Zipoli tomo la decisión de abandonarlo todo, renuncio a la fama y al honor del mundo, e ingreso en las huestes de Loyola. Abandonó la vida cómoda de las ciudades italianas, centros de cultura del mundo de entonces, y dio la espalda a la gloria movido por el profundo deseo de servir a Dios, había finalizado los estudios teologales, pero no vio realizado su propósito de ordenarse sacerdote por la carencia temporaria en Córdoba de obispo que lo consagrara. Llevó más de ocho años en Córdoba cuando "Consumido por una maligna enfermedad contagiosa, que lo había molestado durante todo el año, entregó a Dios su alma, plácidamente como había vivido". Era el 2 de enero de 1726. Falleció en la Reducción de Santa Catalina cerca de Jesús María, a la que se había trasladado buscando posiblemente alivio a su mal. Allí recibió sepultura, no se sabe a ciencia cierta sí en el cementerio contiguo a la iglesia o en el interior de esta.

Morricone escribió una partitura que acompaña de forma magistral los distintos niveles dramáticos del film y que consigue fusionar dos sonoridades diferentes: la música litúrgica y post-renacentista de los jesuítas y la étnica de los indios. De ahí que en la película haya varios cantos corales y religiosos con ciertos toques guaraníes. Dos temas se destacan por encima del resto. Uno de ellos, quizá el más conocido, es el del oboe de Gabriel, una melodía muy hermosa que proporciona una gran sensación de paz. Su composición estuvo condicionado por la capacidad que Jeremy Irons tenía para mover sus dedos en el instrumento.


El mundo conoció a los jesuítas en su tarea evangelizadora en América gracias a la película La Misión, donde se fusionan talentos actorales, con primeros planos y sonidos de la selva. En cuanto a la banda de sonido Ennio Morricone realizó tal vez su mejor trabajo y Domingo Zipoli con sus partituras fue la fuente inspiradora del gran maestro.





La película versa sobre una misión jesuíta en la época de las colonias, concretamente durante el periodo del Tratado de Madrid (siglo XVIII). El Padre Gabriel llega a territorio indio tras la muerte de diversos misioneros y con la esperanza de llevar algo de civilización a los pueblos indígenas. Aparece en medio de la selva tropical con un oboe y una Biblia y, gracias a la música y su buen corazón, pronto se hace oír entre los nativos. La función de la misión, que busca establecer allí el Padre Gabriel (Jeremy Irons), es proteger a los indígenas de los diversos peligros que el mundo civilizado ha trasladado a la selva, como los comerciantes de esclavos, enseñarles un poco de la cultura europea y ayudarles a llevar una vida más cómoda. Cuenta con la ayuda de Rodrigo Mendoza (Robert de Niro), un ex-traficante de esclavos que busca redimirse. A lo largo de la película chocarán los intereses políticos, los monetarios y los pasionales, que se apoderaban de los europeos en aquella oscura selva. Ennio Morricone es el encargado de completar con sus composiciones esta complicada historia.


“No se puede ser músico y prepotente; la música exige la humildad de consultar con otros músicos o instrumentistas sobre la idoneidad de la pieza compuesta… 
Nunca doy una composición por terminada sin un diálogo a ese propósito."

Ennio Morricone.


miércoles, 10 de enero de 2018

Dios pensó, volvió a pensar y luego dijo “creo que me voy a volver ateo”.



Era como la rayuela que luego del noveno casillero se encontraba el cielo. Esa escalera que de chicos jugábamos inocentemente, y nos llevaba desde la tierra al cielo por cada uno de los infiernos. Había que pasar por esos nueve círculos que tan bien describía el Dante en su “Divina Comedia”. Yendo en orden, el primer “Infierno” era el Limbo, luego le seguía la Lujuria, después la Gula, el cuarto la Avaricia y la Prodigalidad, lo continuaba la Ira y la Pereza, a continuación la Herejía, el séptimo círculo lo conformaba la Violencia, el octavo el Fraude y finalizaba con el último: la Traición. Que recorrido extenuante, junto con mi abogado pasamos de uno a otro y él saludaba amigos en cada infierno. Eran mis clientes - decía el abogado- mientras algunos de los parroquianos lo miraban con alegría como si la espera fuera eterna. Vaya a saber porqué los abogados se hicieron esa fama. En el purgatorio San Pedro lo miró y le dijo “Mientras yo esté acá, abogado del diablo, esa nariz no va a pasar los límites del cielo”. No obstante seguimos caminando y nos acercamos al paraíso. Era como decía San Pedro, que con su manojo de llaves al vernos llegar tomó la llave correcta y abrió el cancel. Ni bien pasamos el límite miré y no lo podía creer estaba Dios esperándonos. Tal fue la admiración que solo dimos un pequeñísimo paso. No era como esas imágenes de un hombre viejo y barbudo. Nada que ver. Bien afeitado, bien parecido, simpático, de voz clara y un timbre como si viviera en Buenos Aires. No había duda Dios era argentino como se decía, pero no vayan a creer que tenía la camiseta de la selección argentina de fútbol. No, ni soñarlo, aunque a decir verdad tenía un parecido a la casaca de la generación dorada de basket cuando de la mano de Ginobili se obtuvo la medalla de oro en Atenas. Bueno, pero eso son detalles. Lo importante es que ahí estábamos frente a frente y con mi inquietud de periodista de saberlo todo y preguntarlo todo. Porque no hacerle una entrevista. Tantas cosas habría para preguntarle.
Tal vez el Génesis nos dice muchas cosas del origen que no comprendemos.  En el primer día Dios creó la luz y la separó de las tinieblas. En el segundo día Dios separó los cielos y la tierra. Dios hizo esto creando un espacio. El tercer día. Agrupó las aguas y las llamó mares. En el cuarto día Dios creó el sol, la luna y las estrellas. Los primeros animales llegaron en el quinto día de la creación. En esta etapa la creación se estaba poniendo más compleja. Los mares fueron llenos de peces y otros animales marinos. Los cielos fueron llenos de aves. Dios los bendijo y los ordenó a multiplicarse. Esta primera bendición empezó un proceso natural que nada ni nadie ha podido parar. El punto culminante de la creación ocurrió en el sexto día. Primero, Dios ordenó que la tierra produjera todo tipo de bestia. En el verso 26 del Génesis Dios crea el hombre. Dice "Hagamos al hombre en nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza". La creación del hombre fue una obra muy personal. Y finalmente Dios descansó el séptimo día y lo declaro un día santo. Tradicionalmente el séptimo día es el sábado. (Génesis 2:1-3).
Pero con tanta maldad no podía dejar de preguntarle a Dios si se sentía responsable de esa malevolencia humana que apareció en el mundo desde su creación. Dios entendió la pregunta desde mi punto de vista. Dios pensó, volvió a pensar y luego dijo “creo que me voy a volver ateo”. Hace falta mucha oración. El hombre fue creado para ser libre y debe luchar para plasmar esa libertad. Háganle caso al Papa Francisco cuando dice “recen por mi” Recen, la oración ayuda a entender la creación, ayuda a ser solidarios y libres, aleja la mandad y el pecado. "Si yo me vuelvo ateo que queda para ustedes…"
El tema no era racional, era un acto de fe. La fe es la que nos salva sino somos bestias que andan por el mundo.

Había finalizado la entrevista y había que volver a escribir la nota. De regreso le pregunté a mi abogado que le había parecido Dios. Me dijo “No lo vi”. No podía entenderlo. Si estaba al lado mío. ¿Cómo que no lo vio? Se extendió un poco más y dijo - San Pedro dijo “Mientras yo esté acá, abogado del diablo, esa nariz no va a pasar los límites del cielo”. Y yo le hice caso. Cuando llegué al límite me di vuelta y entré al cielo de espaldas, la nariz la dejé del lado de afuera. Quien me iba a privar el placer de entrar al cielo.

jueves, 4 de enero de 2018

Prostituta a los 20, monja Franciscana a los 40



MITOS DEL TANGO


Ada Falcón: Historia de una mujer que deslumbró con su presencia.

“En plena juventud tuve riquezas y belleza, tuve una visión maravillosa del Señor y no vacilé un instante en dejarlo todo y recluirme en las sierras, en un convento franciscano, y vivir con humildad


Su voz enamoró a Gardel y a Discépolo, sus ojos inspiraron a Canaro a componer el vals “Yo no sé qué me han hecho tus ojos”. Llegó al tango cuando otras cantantes recién lo descubrían. Antes de los 20 años debutó en el cine mudo y luego fue protagonista de otras dos películas. Poseía una mirada intensa, como si viera un fuego más allá del mundo, y los ojos de ese verde que no se encuentra en la naturaleza. Ada Falcón nació en Agosto de 1905 y su voz de mezzosoprano la llevó al estrellato. Su nombre real fue Aída Elsa Ada Falcone y durante su breve carrera, participó en tres películas, El festín de los caranchosTu cuna fue un conventillo e Ídolos de la radio. Para mediados de la década de 1930, se había convertido en una de las cantantes de tango más relevantes del momento, a las que luego se sumarían Azucena Maizani, Libertad Lamarque, Mercedes Simone y Tita Merello.  Vivió casi un siglo recluida en un perdido pueblito de Córdoba de un nombre sugerente y particular “Salsipuedes”. Fue longeva hasta el 4 de enero de 2002, cuando entregó su alma a los 96 años. Desde muy joven convertida en terciaria franciscana, hasta el día de su muerte.




Fue estrella de Radio Cultura, Radio Stentor, Radio Splendid, Radio Argentina, Radio Prieto, Radio Belgrano y Radio El Mundo y grabó en su época de esplendor más de quince discos por mes. Su debut artístico fue apenas a sus catorce años y pasó por las más importantes orquestas de aquel tiempo como la de Enrique Delfino y Osvaldo Fresedo. Se retiró a los 37 años a modo de exilio y no se supo más nada de ella hasta su muerte. Esas cosas del destino ubican su sepultura en el Cementerio de la Chacarita en Buenos Aires a pocos metros de otro grande del tango: Francisco Canaro con quien trabajó durante más de nueve años y produjeron juntos los más grandes éxitos del tango. Su belleza era tan deslumbrante que Discépolo decía: "Es tan divina, que hace mal mirarla”. Radio El Mundo le dedicó el nombre de uno de sus estudios. Canaro era muy amigo de Gardel y a pesar del éxito del zorzal criollo, por aquel entonces se expresaba una frase cuando alguien acumulaba mucho dinero se decía “tiene más guita (dinero) que Canaro” y parece que esa anécdota surge del propio Carlos Gardel cuando en el hipódromo se quedó sin dinero y le pidió prestado 500 pesos (una enormidad para la época) Canaro puso la mano en el bolsillo y se los dio. Entonces Gardel le dijo “y si no los tenés vos, no los tiene nadie.”



Tal fue la fortuna de Canaro que en cierto momento quiso divorciarse de su esposa y fue a consultar con su abogado cuanto le correspondería y el abogado le dijo “debe darle la mitad”, entonces Canaro decidió seguir con su mujer. La idea de separación se daba por que estaba enamorado de Ada Falcón 17 años menor y compañera de su elenco. Ella era la reina de la radio, que cantaba en un estudio de Radio El Mundo, se forreaba los brazos con joyas caras, vestía pieles exuberantes, usaba sombreros espectaculares, tenía tres coches y vivía en un palacete de Palermo chico. La Greta Garbo del Tango, se arropó en el misterio y la perseguían hombres poderosos que nunca tuvieron éxito, porque el gran amor de su vida fue Francisco Canaro.



Resultado de imagen para ada falcon monjaPero esa no fue la única anécdota de Ada Falcón con Canaro. Mientras estaban grabando en un estudio de radio, Martha, la mujer de Canaro apareció de imprevisto en el descanso de un ensayo y la sorprendió sentada en las rodillas de su marido. Sin decir palabra abrió su cartera sacó un revólver, le apuntó, la amenazó de muerte y Ada salió corriendo para siempre. Cuando decidió exiliarse en una casa de oración en Córdoba era estrella en todas las radios. Estaba en su mejor momento profesional. Prometió no brindar más entrevistas ni mostrarse en público hasta el día de su muerte.Grabó más de 200 obras y es tradición escuchar que Francisco Canaro se inspiró en ella cuando compuso la música de su célebre vals “yo no sé qué me han hecho tus ojos”.  


Puta a los 20 Monja a los 40 fue un título muy atrevido por la prensa. (nota de Página 12 "un misterio llamada Ada"). Lo cierto es que Ada Falcón tomó una decisión muy importante y fue totalmente fiel hasta el día de su muerte.

viernes, 29 de septiembre de 2017

BIRO: UN INVENTOR DEL DANUBIO AL RIO DE LA PLATA



El Danubio, el río más largo de la comunidad europea parece dividir el Norte del Sur de la llanura centro europea, recorriendo nada menos que diez países y siendo vinculo de tradiciones, guerras e historias que trascienden en el tiempo. Pareciera que el Río fuese el protagonista del centro de la tierra del viejo mundo, como desafiando al Mar Mediterráneo, tanto que lo acompaña durante 3.000 kilómetros y finalmente desemboca en forma de Delta en el Mar Negro. Sus aguas recorren Alemania, Austria, Eslovaquia, Hungría, Croacia, Serbia, Rumania, Bulgaria, Moldavia y Ucrania. Muchas culturas pasaron por sus aguas, pero no regaron la cultura río abajo. Ni Johann Strauss (hijo) con su composición Danubio Azul pudo lograr imponer su vals en los pueblos del Este. En fin, el Río Danubio recibe una docena de influencias culturales, religiosas, étnicas, sociales y artísticas diversas.
Aunque unos 3.000 años antes de Cristo los niños tenían un juego en común a lo largo de su recorrido. Jugaban con las avellanas a un juego más o menos parecido a las bolitas, o a las canicas, haciendo rodar y chocar los frutos. Es decir que lo que no unió el idioma o los medios de comunicación. El juego inocente de los más chicos era un lenguaje común.
Las orillas del Danubio son testigos de cientos de guerras y conquistas entre pueblos colindantes y lejanos.
La Segunda Guerra Mundial fue testigo de esta historia.

Dos amigos conversaban y soñaban con volverse ricos mientras saboreaban unas copas de Pálinka. El Pálinka es una bebida espirituosa del tipo del aguardiente característico de Hungría. Mientras hablaban de sus quehaceres cotidianos. Jorge Meine poseía una pequeña industria textil en Budapest y cerca de la sinagoga donde concurría habitualmente acostumbraba a sentarse en un bar con Ladislao Biro, un paisano suyo de profesión periodista que cada tanto lo sorprendía con alguna pregunta extraña o le relataba los lugares lejanos donde había viajado. Aquella tarde hablaban sobre la limpieza de las telas y Jorge contaba como lavaba las prendas en su taller de costura para que luzcan impecables en las vidrieras de las tiendas. Ladislao sin embargo insistía con que el destino estaba en su contra y debía tirar camisas con frecuencia porque no podía quitar las manchas de tinta. Jorge no entendía porque involucraba al destino como una desgracia personal y pensó que eran bromas como habitualmente hacía su amigo. Pero no era una broma, Ladislao era zurdo y entendía que los productos solo los fabricaban para diestros y por eso se ensuciaba más que ellos.


Corría el año 1935 y si bien estaban en tiempos de paz,  se olía a pólvora, que bajaba por las aguas del Danubio desde sus orígenes, sobre todo en la redacción dónde el joven Ladislao trabajaba. Aunque él prefería hacer entrevistas lejos del diario. Encontrarse con algún personaje en su casa, o en el lugar de trabajo o simplemente en un bar. Pálinka de por medio, un anotador anillado y una pluma fuente. Luego llegaba hasta una máquina de escribir y transcribía la nota y la pasaba a la imprenta. No era difícil adivinar su profesión. Sus manos hablaban por él. Siempre tenía manchas de tinta en su mano izquierda y muchas veces su camisa blanca era el secante de su tortuoso destino. No es que él fuera torpe o descuidado. Simplemente padecía que su habilidad de escribir estaba en la mano equivocada. La pluma fuente estaba diseñada para diestros y el hecho de ser zurdo lo condenaba y ese inconveniente él lo atribuía al destino.



Pero como todo emprendedor Ladislao tuvo perseverancia y paciencia, sabía que tarde o temprano su suerte cambiaría. Su hermano Georg cansado de tanto lamento contribuyó con una idea interesante. Se propuso buscar en su laboratorio químico una solución que permitiese espesar la tinta y lo logró. Ladislao pudo contener el derrame y ensuciarse menos, aunque la tinta espesada se le atascaba en medio de un reportaje y tampoco así logró mejorar su inconveniente.
Hizo falta otra vuelta de pálinka con su amigo Jorge y a la sombra de un castaño vieron como unos niños juntaban las avellanas del piso para comer. Estos niños húngaros saben que las avellanas que quedan en el árbol no son tan ricas como las que se caen y luego de juntar suficientes para llevar a su casa, se pusieron a jugar a las bolitas o canicas en la vereda del bar. Ladislao miraba atentamente el juego infantil, mientras Jorge trataba de recuperarlo al diálogo en vano. De repente Ladislao dice: “Se me ocurrió una brillante idea”. Tomó el anotador y su lapicera fuente, lo miró a su amigo y le hizo un dibujo, mientras le explicaba. “Si la bolita o canica pasa por un charco de agua y luego atraviesa una superficie seca de la vereda y escribe su recorrido, hasta que vuelve a pasar por otro charco  y se vuelve a mojar de vuelta y así sucesivamente escribe otras partes secas. Si fuera tinta no me permitiría que me ensuciara las manos” Jorge Meine entendió rápidamente el negocio y aportó dinero para patentar el invento, con la ayuda de Georg y la tinta espesa la podrían poner en un canuto y en la parte inferior una bolita,  y solo por la presión vertical lograrían que escribiera sin manchar. Habían pasado dos años de aquel sueño de fortuna. Juntos fueron a patentar su proyecto en Budapest.
El agente de la oficina les preguntó ¿A nombre de quién? Los amigos se miraron y Meine le dijo fusionemos las primeras sílabas de nuestros apellidos, como el apellido de Ladislao era breve fue completo y de la unión apareció la marca  Biro Me.
Ese mismo año Biro viaja a Yugoslavia se encuentra en la conserjería de un hotel con un argentino que lo observaba muy atentamente mientras se registraba y no quitaba los ojos de su particular “birome” artesanal. El fútbol los unió en una conversación. Los seleccionados de Argentina en 1930 y Hungría en 1938 habían salido segundos en ambos mundiales. El argentino lo invitó a viajar y le entregó su tarjeta personal. Biro no les prestó atención, pero conservó su tarjeta en el cajón de su mesita de luz.
Si bien la patente de la birome era prometedora, jamás llegó a comercializarse. La guerra mundial había estallado y los Nazis se desplazaban hacia el Este y hacia el Oeste conquistando todo lo que estaba a su paso. Otra vez el recorrido del Danubio empezaba a oscurecerse y Hungría no tardaría en ser ocupada.
Para 1940 escapando de la persecución a los judíos, los hermanos Biro y su amigo Meine con sus respectivas familias decidieron escaparse a un país lejano. La tarjeta guardada en la mesita de luz, fue el pasaporte a la paz que el destino tenía reservado para ellos. Aquel hombre que en Yugoslavia había hablado de fútbol era la única esperanza para estos refugiados que viajaban para la Argentina.
Ya en Buenos Aires Biro buscó al hombre de la tarjeta y resultó ser Agustín P. Justo ex Presidente de la Nación que los ayudó a instalarse y armar un pequeño taller donde la birome empezó a comercializarse a todo el mundo.
En 1943 Biro licenció a Faber en la sideral suma de dos millones de dólares y luego a Bich que también efectuó un acrónimo de su apellido y creo la fábrica Bic de bolígrafos.
Biro murió en Buenos Aires a los 86 años y dejó otros inventos como: El desodorante a bolilla, la pluma estilográfica, el lavarropa, la caja de cambios automática, el termógrafo clínico, la cerradura inviolable, un dispositivo para obtener energía utilizando las olas del mar, dispositivos químicos para mejorar la dureza del acero y para separar gases. Cada 29 de septiembre en la Argentina se conmemora el día del inventor en homenaje al día de su nacimiento.
Una frase de Biro sintetiza su valoración por la creación y la inteligencia.
"Mi «juguete» dejó 36 millones de dólares en el tesoro argentino, dinero que el país ganó vendiendo productos no de la tierra sino del cerebro".

En el Río de la Plata otra música escuchó Biro, otro ritmo y otro entorno para el Danubio.

Tango: Noches de Hungría

Solo a orillas del Danubio,
cuando en la noche clara
escucho tu violin,
siento que renace mi vida
al penetrar en mi alma
su melodía sin fin.
Déjame embriagar con la ilusión,
cántame en mis sueños
tu emoción.
Quiero vivir en este instante
el amor que una noche
me dio su corazón.
Toca gitano
con pasión en las noches de Hungría;
en las orillas del Danubio
dejé yo mi vida
que tus czardas tienen el sabor
de los besos de su boca en flor.
Noches de Hungría
nunca, nunca olvidaré.

Letra y Música: Enrique Rodríguez y Armando Para Albeiro
  









sábado, 16 de septiembre de 2017

VIDAS CRUZADAS




Entre todas las cosas que Leonardo Da Vinci investigó, sintió mucha curiosidad por el fenómeno cuántico y no dudó en estudiarlo a fondo. Lo cuántico es un salto de  energía que emite o absorbe radiación y al medir una magnitud física podríamos obtener un valor diferente cada vez que fuera medido, es decir que sería relativo y no tendría una explicación lógica. Debido a ello, existe una determinada incertidumbre en la predicción de los fenómenos cuánticos y por esa causa se habla del principio de incertidumbre.
Pero a veces cuando en el futuro miramos hechos del pasado y aparecen episodios muy curiosos que tal vez alguna fuente de energía intervino en ellos y cambió los destinos de las personas y las ubicó en otras dimensiones inexplicables para la relación tiempo espacio. Por ejemplo dos personas podrían caminar por la misma calle y observar el mismo paisaje urbano como una pared de ladrillos, si habláramos de algo material, o de una enredadera, si habláramos de algo natural o de un mismo sentimiento como el amor, o el placer, si habláramos de algo emocional. Pero si esas dos personas caminaron por esa misma calle en tiempos distintos: la pared, la enredadera y el amor ¿Habrán sido testigos de esas dos personas y podrían irradiarle o absorber su energía?

Ay, Da Vinci ¿cuántas dudas nos dejaste?

Leyendo historias de hombres famosos del tango encontré un caso que bien podría ajustarse a un fenómeno de física cuántica. En el mismo lugar, con diferencia de algunos años, una fuente de energía absorbió la radiación de una persona y se la irradió a otra persona, produciendo en el futuro un intercambio en sus vidas. Es decir uno vivió la vida de otro y viceversa. Los dos fueron famosos y el destino con el tiempo cerró esa ventana abierta a pesar que ellos murieron físicamente pero, como todos los hombres célebres siguen trascendiendo en sus obras.

Dicen que cuando comenzó el tango, en los arrabales porteños, era cosa de hombres. No bailaban las mujeres. Y así, termina la historia. Dos hombres bailando la misma canción. Pero contado de esta manera, sin duda que aburre. Lo importante no es el final, sino su desarrollo.

Comienza el Siglo XX y las ilusiones y expectativas colmaban la imaginación de muchas familias que buscaban nuevos horizontes. Luigi un niño de cinco años cruzaba el Atlántico junto a sus padres jugando en la cubierta del buque que lo trasladaba de Génova a Buenos Aires y entre travesuras tiraba bananas a los delfines y participaba junto a otros chicos de la búsqueda de la línea del Ecuador. Corría el año 1907 y como muchos inmigrantes el destino era los suburbios de la gran capital Argentina. Por aquel entonces muchos paisanos se asentaron en el municipio de General San Martín lindante a la ciudad de Buenos Aires. La geografía era distinta al Abruzzo que lo vio nacer, y el idioma también. Luigi pasó a ser Luis y fue el primero de su familia en hacerse entender entre lunfardo, cocoliche, italiano y español cuando empezó su escuela primaria en la barriada de Villa Ballester.

Camino al Oscar


De adulto supo cosechar grandes éxitos nacionales e internacionales. Dirigió más de cincuenta películas, contando las que produjo en el exilio. Además escribió más de veinte canciones de tango que fueron interpretadas por los más destacados cantantes de todas las épocas. Fue propietario del teatro Maipo y productor de espectáculos líricos. Fue periodista, trabajó en el diario Última Hora y la revista Caras y Caretas y además fue un descubridor de talentos, tanto para el teatro, la música, el cine y la televisión. Su nombre completo está escrito con letras de oro en la cultura argentina, se llamó Luis César Amadori y fue un adelantado a su época, hoy podríamos decir que dominaba las técnicas multimediales. Se casó con la mujer más linda de la época, una vecina de su casa en Villa Ballester,  Zully Moreno, a la que además dirigió en muchas de sus obras. No todo el mundo sabe que Wald Disney lo convocó para dirigir el doblaje de Fantasía, Dumbo, Pinocho y Bambi.




Sin duda que aquel chico de cinco años junto a otros inmigrantes conoció la pobreza y entre los paredones cubiertos de enredaderas que en esta época del año hacían flor , creció su inspiración para muchos de sus éxitos. En lo que hace a la cinematografía Luis Cesar Amadori concursó por el Oscar con la película “Dios se lo pague” protagonizada por su esposa Zully Moreno y Arturo de Córdoba cuando la academia norteamericana no tenía la categoría que premiaba a la mejor película extranjera, compitió de igual a igual con las películas estadounidenses y los críticos no se animaron a premiar una producción foránea, aun siendo reconocida como la mejor. La política se había metido en Hollywood y el ganar la Segunda Guerra Mundial y comenzar la "Guerra fría", no le daba tolerancia  para darle una estatuilla a una producción que no fuera norteamericana.

Un hombre afortunado por el éxito,  se casó con una princesa


Resumiendo Luis Cesar Amadori llegó a los cinco años al municipio de San Martín, más precisamente a Villa Ballester, el lugar donde los paredones y las enredaderas daban flor en primavera, y se casó con una princesa de apellido real: Zulema Esther González Borbón, otra hija de inmigrantes que buscaban en los suburbios de Buenos Aires una propiedad barata, donde abundaban las huertas, los gallineros y el desarrollo en la zona de la industria textil o metalúrgica estaba en su apogeo. Su nombre artístico fue Zully Moreno y su belleza fue tan encantadora que le decían la “Greta Garbo” argentina.

Amadori fue un grande y se rodeó entre grandes, solo por mencionar algunos actores y cantantes: compartió amistad con Luis Sandrini, Carlos Gardel, Nini Marshall, Francisco Canaro, Enrique Santos Discépolo. Fue el director más afamado de la época de oro del cine nacional. El Oscar de la academia de Hollywood parece que se le había negado.
La física cuántica le había cruzado el destino con otro caballero famoso y el universo quiso reparar una ventana que se abrió entre el tiempo y el espacio. Su energía continuó irradiándose después de muerto y su presencia volvió para hacerse justicia.

La calle: la pared, la enredadera y el amor, testigos de la cuántica

Se llama Luis Enríquez Bacalov nació en 1933 en San Martín a pocas cuadras donde Luis Cesar Amadori y Zully Moreno vivieron en su juventud, también fue un talentoso músico. De igual forma tuvo pasión por el cine. En varias películas se pueden escuchar sus canciones y compitió por el Oscar de academia norteamericana dos veces. La primera vez fue en 1966 con la película “El evangelio según San Mateo de Pier Paolo Pasolini, donde solo quedó su nominación y reconocimiento.
Luis Bacalov era primo de Lalo Schifrin otro argentino triunfador en Estados Unidos que posee una estrella de la fama en Hollywood como gran compositor de bandas sonoras de películas y series entre ellas “Misión Imposible”. Además trabajó como musicalizador de Federico Fellini, Robert Duvall, Quentin Tarantino, Ettore Scola, Damiano Damiani, Lina Wertmüller, Franco Rossi y fue pianista de Ennio Morriconi. 





Aquel San Martín de antaño cobijó a dos talentos musicales, ambos se llamaron Luis. Uno llegó de Italia y se nacionalizó argentino, otro nació en la Argentina y emigró a Italia. Sus vidas se cruzaron misteriosamente. Las paredes de ladrillo cubiertas de enredaderas y el amor fueron inspiración de ambos, fue un recuerdo que cada uno llevó de su barrio. Pero Bacalov tuvo ventaja, fue contemporáneo y él tarareaba uno de los tangos más populares que recorrieron el mundo y lo incluyó en la película Il Postino, (en castellano “El cartero de Neruda”). Película tierna e ingenua que el mismo musicalizó y recibió el Oscar de academia norteamericana por la mejor banda sonora de 1996.




La cuántica hace revivir a los muertos



Pero el director de la película Michael Radford omitió escribir en los créditos los datos de una canción que reflejaba el recuerdo de aquel pueblo de la provincia de Buenos Aires donde Luis Amadori y Luis Bacalov caminaron en su juventud. Seguramente Leonardo Da Vinci hubiese encontrado allí esa irradiación de energía cuántica que volvía a soplar y revivía un recuerdo “Vieja pared del arrabal, tu sombra fue mi compañera. De mi niñez sin esplendor la amiga fue tu madreselva. Cuando temblando mi amor primero con esperanzas besaba mi alma, yo junto a vos, pura y feliz cantaba así mi primera confesión”.


Madreselva: una hermosa melodía compuesta por Francisco Canaro con el nombre de “la polla” haciendo referencia al premio “polla de potrancas” que se realiza en los hipódromos de la Argentina con los caballos más jóvenes y que luego Luis César Amadori le agregó la letra y en la voz de Carlos Gardel recorrió el mundo.



Finalmente las vidas se cruzaron en el cine



Las hijas de Canaro le hicieron un juicio a Michael Randford por plagio. Se entiende que es una copia ilegal al no citar a sus verdaderos autores. De ninguna manera quisieron sacar un rédito económico. Sino que lo que buscaron fue el reconocimiento a la obra de su padre y de sus creadores.

En la película “El cartero de Neruda” la canción Madreselva aparece en cinco oportunidades: 1.cuando Neruda  (Philippe Noiret) escucha un mensaje grabado; 2. Matilde, señora de Neruda, pone un tango en la vitrola; 3. también es el tango que interpreta el acordeonista en la fiesta de casamiento, 4. el que escucha Mario (Massimo Troisi) en el fonógrafo; 5. por último se escucha su melodía cuando Beatrice (Maria Grazia Cucinotta) pone la grabación que Mario preparó para Neruda.

Los dos Luis, el italiano y el argentino, ¿cuál es cuál?. El destino los unió en el mismo barrio, en la música, en el cine, en el éxito, en los paredones, en las enredaderas, en la “madreselva”, y ahora después de tanto los ligó en el premio que ambos buscaban. El premio Oscar 1996 por la banda sonora de “Il postino” es compartido por Luis Bacalov, Francisco Canaro, Carlos Gardel y Luis César Amadori.


Y así, termina la historia. Dos hombres bailando la misma canción.
La energía cuántica los separó y el destino los volvió a unir para siempre.